Tempus fugit

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Después de publicar los primeros post, con regularidad más o menos semanal, había llegado conmigo mismo al acuerdo de publicar mis entradas cada quince días (también “más o menos”) en “Crimen para iniciados”. Estos quince días, que me parecían plazo amplio y suficiente, se han revelado de escaso margen, no sé muy bien por qué; y, sobre todo, me han mostrado que el tiempo huye irreparabile entre publicación y publicación.

 

Después de publicar los primeros post, con frecuencia más o menos semanal, había llegado conmigo mismo al acuerdo de publicar mis entradas cada quince días (también “más o menos”) en “Crimen para iniciados”. Estos quince días, que me parecían plazo amplio y suficiente, se han revelado de escaso margen, no sé muy bien por qué; y, sobre todo, me han mostrado que el tiempo huye irreparabile entre publicación y publicación, que me constriñe a una cadencia quincenal de reloj inexorable y preciso.

 

Quiero decir, para quien lo lea, que en los últimos post me he retrasado en su tácita aparición, y que no era esa la idea.

 

Y esta primera reflexión (¿cada cuánto escribir?) me lleva a otra, muy digna de un blog (humo en el viento internáutico) cuyos ecos desconoce: ¿para quién se escribe? Como no hay forma de saberlo (o son formas complejas de averiguación dignas de mejor blog), pero con el ánimo de saber un poco más, me sitúo en la perspectiva no del autor, sino del lector agradecido.

 

Y hallo (sin cruzar la fronterad) cosas interesantes.

 

Por ejemplo, encuentro que si la pasión la guía, la frecuencia de publicación, por muy alta que sea, puede ser pertinente. Como muestra, el activo botón de la bitácora dedicada al ajedrez, incansable y profusa, que se permite un artículo sobre Yifán Hou (y su ya famosa “espantá” de Gibraltar) de José Vilarnovo, que merece el Pulitzer del ajedrez, o algo semejante, por haber estado el autor (y entendido en la materia) en el momento, lugar y con la persona indicados (la propia jugadora y el árbitro de la partida).

 

Descubro además que hay regularidades que asombran, como la del blog de Ricardo Bada, cuyas múltiples sugerencias culturales son imposibles de seguir en una semana (ni creo que para ello las escriba). Hallo, por otra parte, que hay espontaneidades oportunas y deseables, como la del blog de Cristina Vallejo, capaz de regalarnos un artículo de análisis en la misma tarde en que se contabilizan, aún calentitos, los votos de los militantes del PSOE en las últimas elecciones a la secretaría general. Hay también otros blogs (varios más, que siempre espero con interés: pero no quiero hacerme largo) con intenciones y estilos muy distintos que aparecen como estrellas fugaces que igualmente se disfrutan (y otros, como “El Operero” de Alejandro Carantoña, que de pronto, lástima, desaparecieron en el firmamento).

 

En fin, concluyamos pues que la frecuencia no importa, si la dicha es buena y si concurren otras circunstancias, como por ejemplo que el artículo devenga interesantísimo ensayo. Y ya que este blog está dedicado al crimen, cerremos con un brillante ejemplo de artículo-esnayo, que recomiendo por su profundidad y capacidad de sugerencia: Los consejos de Sherlock Holmes para los jóvenes teóricos, de Alberto Ruíz de Samaniego. Su lectura nos consuela del paso del tiempo.

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«Avec le temps va tout s’en va» (Leo Ferré dixit)

 ÓSCAR URRA RÍOS. Doctor en Filología y profesor. Ha publicado los manuales Cómo escribir una novela negra (Fragua, 2013), y Literatura Universal (McGraw Hill, 2009), así como diversos artículos y reseñas sobre temas literarios. Como autor de ficción, durante la última década ha sacado a la luz tres novelas negras (A timba abierta, Impar y Rojo -las dos traducidas al alemán por Unionsverlag- y Bacarrá), y otra un tanto oscura (Yo, zombi), todas en la editorial Salto de Página, así como algunos cuentos de género negro. Vive en el centro de Madrid, que es decir el centro del Universo.