Terrorismo ecológico

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Cuando empecé a escribir estos posts lo hacía, casi siempre, urgido por alguna noticia que compartir de lo que pasaba o me pasaba en Burkina Faso.

 

Cuando no era el caso rellenaba mi compromiso semanal con curiosidades étnicas o locales.

 

Ahora me pasa como el tópico chiste del mejicano.

 

Un mejicano sentado contra la pared con su sombrero y sesteando, cavilando o pasando el tiempo y la vida a la sombra, a su lado su perro, Rayo, compartiendo con su amo misma filosofía de vida.

 

Pasa corriendo delante de ellos un gato bufando.

 

Al cabo de cinco segundos Rayo farfulla un ¡guau! Desinflado.

 

Y cinco segundos después le calma su amo con un ¡quieto, Rayo!

 

No sé si os ha hecho gracia o lo he contado mal, como casi todo, pero a mí siempre ha sido de los chistes que más me han gustado porque me encantan los chistes con mensaje, con recado.

 

Pues en esas estoy, que veo cosas que impresionan mis neuronas pero las sinapsis se producen con efecto retardo y la reacción práctica a estos estímulos puede tardar días cuando no semanas.

 

Hace unos días, no sé cuántos exactamente, ha habido un Día de la Naturaleza y creo que ha habido también una concentración de políticos para debatir sobre el destrozo de la Tierra: One Planet Summit, en Kenia, en la que han participado 150 países haciendo postureo de salvar los trastos del mundo.

 

Que si salvar ballenas (¡por Dios que no me toquen las sardinas!), que si la contaminación, que si patatín, que si patatán…

 

Y entre tanto patán no consiguen acallar el clamor popular, cada vez somos más concienciados pero que no nos toquen nuestra forma de vida.

 

En fin, todas estas tontunas las escribo forzado por las circunstancias, sino de qué os iba a dar la tabarra.

 

Tengo una relación, una pareja vamos, perdonad que me ponga íntimo, y es más joven que yo y para evitarle la vergüenza de que tenga que decir a las amigas cuando le preguntan: ¿y a qué se dedica? y responder que soy jubilado, pueda decir: escribe.

 

Así que os voy a contar que por aquí las cosas en Burkina Faso siguen mal, por no decir fatal.

 

El terrorismo yihadista está dejando el país bajo mínimos.

 

País pobre, nunca me pongo de acuerdo si el 4º o el 5º más pobre del mundo, sin casi turismo o visitantes y dependiendo de ayudas internacionales y ONG, cada vez más abandonado.

 

Turistas ni medio, ONG en retirada por miedo al terrorismo, y la ayuda internacional no da para tanto.

 

Hasta me acaban de contar que el avión presidencial está parado porque no tienen dinero para pagar el mantenimiento.

 

Acaba de terminar FESPACO, Bienal de Cine Africano, celebrando su 50º aniversario y me comentaban que no ha venido casi nadie y los hoteles, restauración, artesanos, etc, a verlas venir.

 

Aquí todo los días nos desayunamos, los que desayunamos, con algún nuevo atentado, con número variable de muertos.

 

Allí os llegó lo del religioso español y poco más.

 

El 14 de febrero, San Valentín, un valiente atentado terrorista con un cadáver bomba mató a 2 militares en la zona norte e hirió a unos cuantos más.

 

Una idea no muy original (cuando os escribo esto veo que en Bamako han muerto 17 civiles con otro cadáver bomba), pero sí nueva en Burkina Faso.

 

Ya sabéis cómo funciona, cuando los servicios médicos dan la vuelta al cadáver se activa el mecanismo que hace estallar la bomba.

 

Era un terrorista muerto de las heridas de un enfrentamiento y al que habían puesto un uniforme de las fuerzas armadas.

 

¿Qué consecuencias ha tenido esta nueva forma de acto terrorista?

 

Porque las cosas siempre tienen consecuencias, positivas o negativas.

 

Por ejemplo, en noviembre (no recuerdo si lo conté), el que todos los días hubiera 3-5-10-15 muertos por la zona norte y las exequias se celebraran en Ouahigouya, la ciudad donde vivo, tuvo el efecto beneficioso, descansen en paz los muertos y sus familias, de que taponaron con asfalto los agujeros tremendos que hay en la carretera, porque todos los días, todos, tenían que venir un montón de ministros a los funerales y bueno está lo bueno.

 

Así este atentado con cadáver bomba está teniendo un efecto beneficioso que los ecologistas deberían aplaudir con simpatía.

 

En estos últimos días varios cadáveres abandonados en brousse, en el campo, no son recogidos por nadie por temor a que puedan explotar.

 

Se ha publicado en la prensa y me han contado que los diferentes carroñeros, buitres, perros, ratas y otros están dando buena cuenta de ellos.

 

Creo que hay que quitarse el sombrero ante estos ínclitos promotores de la vuelta al paleolítico en todos sus aspectos y a todos los seres que les apoyan defendiendo cualquier religión o idea fanática.

 

Con Dios, todos ellos.

 

Y cuanto antes, mejor

 

 

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