Tim Heatherington, in memoriam

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Seine view from Quai de Bethune apartment

 

Le conocí brevemente el año pasado en el Festival Internacional de Cine en San
Francisco donde teníamos los dos películas en cartel, la mía: ‘The Practice of
the Wild’ sobre poesía y ecología, una cosa literaria rodada con muchos medios
en un lugar protegido y seguro, lujoso incluso – y la suya: ‘Restrepo’ que
luego fue nominada para un Oscar hecha en plena guerra en Afganistán en unas
circunstancias brutales y precarias. Era guapo, alto, un británico ubicado en
Brooklyn y encantador. Estuvimos invitados a un ‘brunch’ en la casa de alguien
afiliado con el festival con otros directores y en la cocina ese día de sol en
primavera hablábamos todos sobre los problemas inevitables del oficio. En
ningún momento mostró lo más mínimo desprecio por el tema tan pacifico de mi
película y no iba de machote-periodista de guerra. Era cortés, divertido y con
la capacidad que tiene pocas personas de estar donde están. No presumía, algo
casi imposible de no hacer hoy en día cuando todo el mundo anda inseguro. Murió hace unas semanas en Libia haciendo lo suyo. La noticia me llegó en Paris, yo
digamos, haciendo lo mío, sentado en el salón de un piso estiloso en la Ile
St. Louis delante de una ventana enorme al lado del Seine. Nunca le tenía
envidia y ni por un momento pensaba que yo debiera dedicarme a semejante rama
de nuestro oficio. Veo el mundo de otro manera. Pero me ha afectado y me da
mucha pena por la gente que le conocía mejor y que le quería. Memento mori.