Tipos maduros en chándal

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Uno se acuerda bien de los presidentes de la APA de sus tiempos, y no podía imaginar que un día lo serían de la AMPA, que dicho deprisa es como si, por lo suyo, se le hiciera un cargo público a Tony Soprano.

 

Se entera uno de que la Asociación de Padres de Alumnos, la APA de toda la vida, es ahora la AMPA. Después de esto, no es de extrañar la indignación del F.C.Barcelona, y se comprende su queja ante una persecución tan evidente. Nadie puede negar la existencia de una mano negra contra el club cuando la asociación de padres por antonomasia se rebautiza sin subterfugios igual que el crimen organizado. Los padres en conjunto ya no engloban la figura. Aunque la diversidad lo justifique, la modificación adquiere un tonillo de que hay que separarla como si cada individuo quisiese ser alguien, ya sea por la sangre de Rajoy, la cultura de Mas o porque lo diga Valenciano, que no es una cosa nueva sino muy española, o ya sea uno Esperanza Aguirre o un agente de movilidad. En España, tan pequeña, todo el mundo quiere ser alguien. Un país de matices tan abigarrados como el País Vasco de Ramiro Pinilla, que es aún más pequeño; pero debe de ser que se entendió mal el concepto y en el cruce de caminos de la Transición se confundió el cartel de la sencillez por el de la memez. La “m” de la AMPA es un poco la “a” de la miembra, que no atiende a confusiones ni a cacofonías, y que no parece tan importante pero es un capricho caro como diecinueve autonomías (con sus respectivos Bogarts, esos reyes) a todo plan en las que el ridículo se ha tapado con pretensiones, y donde lo mejor es que se creían, cómo no, posibles. Uno se acuerda bien de los presidentes de la APA de sus tiempos, y no podía imaginar que un día lo serían de la AMPA, que dicho deprisa es como si, por lo suyo, se le hiciera un cargo público a Tony Soprano. Así,  puestos a encadenar equívocos (al Barcelona habría que avisarle del doble sentido), las nuevas siglas dibujan una sala de reuniones ocupada no por jóvenes progenitores sentados sobre sillas plegables en el aula de Pretecnología, sino por tipos maduros en chándal con cicatrices en el rostro que beben güisqui y fuman puros en un reservado del Bada Bing.