Toca la murga

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Se vislumbra entre banderas la escenificación de una ruptura irreconciliable que genera chirriantes debates, y así se suceden los pueblos tras el cristal, y los árboles, y los montes (de Piedad)...

 

Mientras se atiende mucho a las fantasías la vida pasa como a través de la ventanilla de un tren. Se tiene la sensación de que le han subido a uno y afuera se difumina una crisis como un paisaje. Puede que el billete lo hayan pagado a medias (y con tarjeta) entre Rajoy y Mas, y de este modo hayan hecho de padres tan ocupados para tener a los niños en casa que han decidido enviarles a un internado. Se vislumbra entre banderas la escenificación de una ruptura irreconciliable que genera chirriantes debates, y así se suceden los pueblos tras el cristal, y los árboles, y los montes (de Piedad) o las cifras del paro. Es igual que aprovechar el sonido de los truenos para romper la tubería sin que se oiga, como hacía el Andy Dufresne de Stephen King. Ni se imagina lo que sucede entre bambalinas, y ya hace tiempo, con tanto ruido en el escenario. Quizá nunca pensara el president que tendría que hacer el trabajo reservado a los parias del terruño, pero la esquerra ya es tan pija que no se ensucia las manos como antaño, cuando era pobre. Ahí está Artur, enfangado hasta las rodillas sacando a pasear al monstruo con tal de que no salgan las vergüenzas que comparte con su colega de gobiernos en cuadro, en plena escena de divorcio donde, por supuesto, no se habla de intimidades sino de hostilidades como la independencia, mientras al otro lado de la puerta toca la murga.