Todo me parecía irreal

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Cuando la abdicación me sentí arrastrada en medio de una “ola comunicante”, una especie de orgía periodística (y la cosa sigue, claro). Las radios contaban cómo habían vivido la cosa, sin duda una sorpresa para (casi) todos. Sentí algo parecido a la vergüenza. Ocurría algo que me enseñaron que nunca debe ocurrir: que el periodista sea parte de la noticia.

 

Cuando la abdicación me sentí arrastrada en medio de una “ola comunicante”, una especie de orgía periodística (y la cosa sigue, claro). Las radios contaban cómo habían vivido la cosa, sin duda una sorpresa para (casi) todos. Sentí algo parecido a la vergüenza. Ocurría algo que me enseñaron que nunca debe ocurrir: que el periodista sea parte de la noticia.

 

Frases como “¿qué estabas haciendo tú en ese momento?”, o “salí a la calle y todo me parecía irreal” (¡!). “M. M. [una periodista] tiene el timing de las 24 horas que han cambiado el rumbo de España” (¡si fuera verdad!). La “com-ple-ji-dad de la grabación del mensaje” del Rey. Lo “impresionante” que era el “rosario de llamadas”. Por supuesto, satisfacción a chorros por el impacto internacional. Mucho menos sobre las posibles causas o consecuencias. Tampoco tanto sobre la trayectoria de Juan Carlos I. Sobre la marcha, recogí también un hermoso “costitucional”, que nunca está de más. Dejo para otro día la Ola Comunicante II: La Proclamación.

 

La noticia se transformaba en la “noticia para-sí”, en el hecho de la noticia para sus trasmisores. ¿El medio es el mensaje? No sé por qué me recordaba a las sirenas de la policía cuando pasan ululando, que más que paso que voy a por los malos a mí me parece que dicen somos los polis, todo el mundo quieto. También aquí el medio es el mensaje. Vamos sobrados de razón de Estado.

 

Y me chirrió (no soy la única) la frase “He decidido abdicar la Corona de España”, pero no sé por qué… ¿porque hay que abdicar en? Sin embargo el diccionario dice simplemente que es transitivo. Volví a escuchar construcciones que han hecho fortuna, tonterías caprichosas que sólo denotan ignorancia y seguidismo lingüístico, como granjear en vez de granjearse, enfrentar y entrenar (secciones de Deportes) en lugar de enfrentarse a y entrenarse, etcétera.

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.

1 COMENTARIO

  1. A mí también me llamó la

    A mí también me llamó la atención la fórmula de abdicación, como a todo el mundo. El Panhispánico de Dudas parece sugerir en primer lugar «abdicar de…», aunque Fundeu (que triunfa en la red y se ha convertido en la última palabra para estas cuestiones) contempla las dos y en primer lugar (con foto de actualidad) «abdicar la Corona». Depende del uso transitivo o intransitivo, se dice, pero me da el pálpito (no confirmado en fuente alguna) de que si en vez de «abdicar de la Corona» dices «abdicar la Corona», esa corona parece más tuya, que no están los tiempos para dejar resquicio alguno, ni en el lenguaje.

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