Torino: rey sin corona

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Cada cierto tiempo surge un equipo sin igual, un nuevo paradigma de talento y eficacia que define su época y establece la medida según la cual se juzgará la siguiente. Lo que hoy es el Barcelona y ayer el Ajax de Cruyff, lo fue tan pronto había terminado la Segunda Guerra Mundial el equipo de Turín –no, no la Juve, que sería grande, enorme, muchos años más tarde, sino el A. C. Torino.

 

Surgido en 1906 como consecuencia de un feudo interno en la Juventus y la asociación de una de las facciones disidentes de la vecchia signora con el Football Club Torinese, el A. C. Torino tuvo unos inicios turbulentos en los que siempre destacó, por encima de todo, su feroz rivalidad con los bianconeri.

 

De allí surgió, en la época cuando el Torino era presidido por el Conde Marone Cinzano, último heredero del famoso vermut, lo que hasta el día de hoy se conoce como el Derby della Mole. Pero, con la llegada de la Guerra, el Conde decidió partir y la presidencia del club quedaría en manos de Ferruccio Novo. Sin que nadie lo sospechara, el fútbol italiano entraba en una nueva era.

 

Novo se encargó de construir un equipo nuevo con la finalidad de hacerse con el escudetto y derrotar a una Juve que, por los años ’30, se había convertido en un equipo imbatible en Italia. Por aquel Torino pasó un desfile de entrenadores, entre ellos el húngaro Ernest Egri-Erbstein, arquitecto del primer Torino de Novo, el cual quedó subcampeón de Italia en 1939. La temporada siguiente Novo reclutaría al joven talento, Franco Ossola, quien se convertiría en un ídolo de la afición granate, y un año más tarde contrataría al campeón del mundo Pietro Ferraris, del Ambrosiana Inter, y a tres jugadores del archi-rival, Juventus, entre ellos los atacantes Guglielmo “El Barón” Gabetto, referente en la punta del futuro Grande Torino, y Felice Borel.

 

La leyenda cuenta que fue este último quien dio el giro definitivo a la historia del club y del fútbol: malogrado ya de las rodillas, la Juventus lo vendió, estimando que su aportación futura sería limitada. Y así lo fue en el terreno de juego durante aquella temporada 41/42. Pero, según se cuenta, su capacidad técnica lo llevó, a mediados de campaña, a proponer el “sistema” inglés como alternativa al “método” defensivo y directo de Pozzo. Lo demás está en los registros de la federación de fútbol italiana: el Torino, en camino a convertirse en un grande de verdad, remontaría el campeonato, solo para perderlo en el último partido.

 

Pino Grezar y Ferruccio NovoEn el verano del ’42 vendrían nuevos refuerzos, con Enzo Loik y el mítico Valentino Mazzola, ambos venidos del Venezia y también Guiseppe Grezar del Trieste. El núcleo del equipo ya estaba forjado y la temporada siguiente, la del 42/43 depararía el primer doblete en la historia del club: liga y copa.

 

Pero sería dos años más tarde, tras la pausa provocada por la guerra, cuando il Toro se haría mítico, sellando los cuatro campeonatos inmediatamente posteriores a la guerra con un dominio férreo, debido en parte a la astucia de Ferruccio, quien consiguió evitar el desplazamiento de sus jugadores, al contratarlos en la fábrica Fiat que él mismo dirigía.

 

Entre 1945 y 1949 el Torino se llevó cuatro ligas, consiguiendo 112 victorias en campeonato y perdiendo tan solo 16 veces de un gran total de 156 partidos, antes de verse involucrado en el trágico accidente de Superga en mayo de 1949, donde  perecerían los 31 viajeros a bordo del Fiat G.212 de la Alitalia, en aquel momento llamada Avio Linea Italiane. Era el viaje de regreso de un amistoso disputado contra el Benfica, en vista del retiro del mediocampista Xico Ferreira, amigo personal de Ferruccio Novo.

 

Se interpuso la suerte entre la historia y aquel Grande Torino, un equipo que, a pesar de todos sus méritos, nunca consiguió un título internacional, simplemente porque no los había, ni a nivel de clubes, ni, en aquellos años belicosos, a nivel de naciones. No por eso, sin embargo, debería destinarse al olvido uno de los combinados más potentes de la historia del fútbol, cuyo once inicial era de rigor, y era lo suficientemente bueno como para medirse a seleccionados nacionales. Para el registro, pues, recordemos que entre ellos figuraban:

 

Valerio Bacigalupo, portero; 137 partidos con el Torino; ganador de los campeonatos de 1946, 1947 y 1949.

 

Aldo Ballarin, central escorado (en línea defensiva de tres); 148 partidos con el Torino; ganador del campeonato de 1946, 1947, 1948 y 1949. Era hermano de Dino, portero titular del Torino y campeón de la temporada 1947/48.

 

Mario Rigamonti, central; 140 partidos disputados con el Torino; consigue la liga en el 1946, 1947, 1948 y 1949.

 

Virgilio Maroso, central escorado; 103 partidos con el Torino; consigue la liga en 1946, 1947, 1948 y 1949.

 

Giuseppe “Pino” Grezar, medio centro; 159 partidos con el Torino (19 goles); campeón de liga y copa en 1943, y de liga en 1946, 1947, 1948 y 1949.

 

Eusebio Castigliano, medio centro; 116 partidos con el Torino (35 goles); ganador de los títulos de 1946, 1947, 1948 y 1949.

 

Danilo Martelli, mediocentro o interno; 72 partidos con el Torino (10 goles); ganador del scudetto en 1947, 1948 y 1949.

 

Valentino Mazzola, interno (capitán); 175 partidos con el Torino (102 goles); ganador de copa y liga en 1943, y de liga en 1946, 1947, 1948 y 1949.

 

Ezio Loik, interno. 165 partidos con el Torino (64 goles); campeón de liga y copa en 1943, y de liga en 1946, 1947, 1948 y 1949.

 

Romeo Menti, extremo; 133 partidos con el Torino (53 goles); consigue la liga y la copa en 1943, y las ligas de 1946, 1947, 1948 y 1949.

 

Franco Ossola, extremo o delantero central; 158 partidos con el Torino (77 goles); consigue la liga y la copa en 1943, y las ligas de 1946, 1947, 1948 y 1949.

 

Guglielmo Gabetto, delantero central; 199 partidos con el Torino (107 goles); ganador de copa y liga en 1943, y las ligas de 1946, 1947, 1948 y 1949.

 

 

Superga, 4 de mayo de 1949

Arrivederci ragazzi

MONTAGUE KOBBE es un ciudadano alemán con nombre shakesperiano, nacido en Caracas, en un país que ya no existe, en un milenio que ya pasó. Estudioso de la lengua, de todas las lenguas, una década de exilios y academias lo han convertido en un especialista del timo escrito que encanta con espejos y humo a todo tipo de serpientes. Como prueba de ello, su trabajo ha aparecido en la prensa digital y escrita de más de media docena de países, desde Argentina o Venezuela, pasando por Jamaica, Trinidad y Antigua, hasta llegar al viejo mundo, a España y Gran Bretaña. En The Daily Herald de la isla de Sint Maarten escribe, desde 2008, acerca de cultura y literatura caribeña y latinoamericana y a partir de junio de 2011 El nuevo herald de Miami publicará una serie acerca de literatura contemporánea venezolana. Ha sido traductor, editor, corrector y portador de cafés en el pasado, aunque el gran reto ha sido siempre, y lo sigue siendo, pagarse el vermut de la tarde con cuentos y novelas. Como la esperanza es lo último en perderse, ha decidido repartir sus sueños entre Madrid y una recóndita roca en el Mar Caribe, llamada Anguilla.   ADOLFO JOSÉ CALERO ABADÍA Investigador venezolano (Caracas, 1978). Es licenciado en letras por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y licenciado en Artes, Mención Cinematografía, por la Universidad Central de Venezuela (UCV). En el período 2007-2008 cursó estudios en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB, España), obteniendo el título de Maestría en Técnicas Editoriales. Ha publicado algunos trabajos y artículos relacionados con la literatura, el cine y la fotografía en revistas como Logotipos, Escritos o Dramateatro. Ha sido profesor de iniciación al guión cinematográfico en el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC) y ha colaborado con diversas editoriales en España y Venezuela, labor que prosigue en la actualidad. Actualmente es profesor en la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y cursa la Maestría en Literatura Comparada (UCV).