Torito bravo en el Congreso

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Es como un toro bravo porque se crece con el castigo. Ahí está el ministro de Educación, Cultura y Deporte –todo eso–, sentado en su escaño. En primera fila, José Ignacio Wert mira de frente al presidente del Congreso, que reanuda la sesión. En el arranque Mariano Rajoy le dice ‘y tú más’ a Alfredo Pérez Rubalcaba. Los demás diputados comienzan a abrir el periódico. Manda El País en la bancada socialista. Otros encienden su iPad. Otros simplemente ocupan su escaño. ‘Pero tú más’, replica el líder de la oposición. ‘Pero vosotros mucho más’, dirá la vicepresidenta del Gobierno. El duelo de ‘Sorayas’ –Soraya Sáenz de Santamaría (PP) vs. Soraya Rodríguez (PSOE)– lo gana la popular con demasiada facilidad.

 

Continúa la sesión. Se han marchado los que intervinieron en primer lugar. Habla el ministro de Economía al frente, sin mirar a su interlocutor, que está justo detrás. Los diputados pasan las páginas de los periódicos. Parece que la ministra de Empleo se encomienda de nuevo a la Virgen del Rocío. Sobrevuela el fantasma de Aznar con la intervención del ministro de Industria. Toma la palabra el titular de Agricultura. Los diputados han terminado de leer la prensa. Otros se han cansado de hacerle reproches a los contrarios. Me pregunto qué es peor y aparece Ana Mato.

 

José Ignacio Wert (foto: Ignacio Gil)

 

Torito bravo se revuelve en su escaño. Cruza la pierna y se gira de un lado a otro. A punto de saltar al ruedo, ya le han puesto las banderillas en los días previos. Planteó una reforma educativa que voltea la educación en catalán y los nacionalistas lo recibieron como una cornada. Tanto que el portavoz de CiU, Josep Antoni Duran Lleida, incluso solicitó una interpelación urgente. Pero eso vendrá después: torito bravo se gira a su derecha para escuchar a Alfred Bosch, de ERC: «¿Por qué quieren liquidar la escuela en catalán?». ‘¿Pero cómo dices eso?’, viene a responder torito bravo mirando hacia su derecha. Bosch le indica con un gesto que no le escucha y torito bravo se acerca más al micrófono. Se desabrocha la chaqueta y vuelve a tomar asiento.

 

Bosch sabe que a torito bravo le gusta embestir y saca la muleta: «Ni se le ocurra tocar a nuestros niños // Ha chocado con un gigante. Con una nación decidida a defender a sus hijos, a su escuela y su futuro / No acataremos / ¿Colocará un guardia civil en cada aula? // Déjenos un poco en paz // Vale ya de hacer el pesado // ¿En qué asteroide residen ustedes?». Sus compañeros de ERC sostienen un cartel con el lema ‘Keep calm and speak catalan’, como los diseñados por el Gobierno británico cuando los nazis querían invadirlos en la Segunda Guerra Mundial.

 

 

Torito bravo, hoy bastante manso, le recuerda a Bosch que solo sumaron 23.000 votos más que el PP en las elecciones catalanas. Se desabrocha la chaqueta y vuelve a sentarse. Los pocos diputados que quedan ya no saben qué hacer con la prensa. Dos socialistas se detienen en una información acompañada de una publicidad a toda página en la impar ocupada por una señora en ropa interior. Intercambian impresiones y después cierran el periódico. Los parlamentarios de UPyD ojean un objeto único en esta sesión: The virtues of Mendacity: On lying in politics. El libro que lleva consigo Irene Lozano.

 

El PNV le da tregua a torito bravo, que llena de papeles los cuatro escaños que se encuentran frente a la tribuna. Él mira a un lado y a otro. A su derecha, Joan Coscubiela, de Izquierda Plural, le acaba de decir que su reforma educativa es propia de un gobierno de talibanes. No entienden nada, se dice, antes de abrocharse la chaqueta y expresarlo en voz alta. Hoy no van a encontrar a torito bravo, que se aguanta las ganas de saltar la barrera. Un diputado socialista le compara después con un ministro de Franco y otro del PSC le advierte sobre un conflicto social y civil. Una intervención, esta última, apreciada por el propio Bosch, que le hace un gesto de aprobación a Francesc Vallés.

 

Acaban las intervenciones y torito bravo se abrocha la chaqueta y sube al escaño de Bosch. Sonrisas y una palmadita en la cara. Buena faena. Torito bravo regresa a su escaño porque aún le queda la última batalla con Duran Lleida. Este, desde la tribuna, mirándole a la cara, le espeta: «Felipe V quiso acabar con el catalán con el Decreto de Nueva Planta; Franco lo intentó también. ¿Qué pretende usted?». «Escuche, escuche», le insistirá después torito bravo. «Le pedí que me escuchara mientras tomaba nota y no lo ha hecho a juzgar por lo que dice», dirá después torito bravo, antes de despedirse por hoy.

 

Continúa la sesión y los diputados populares rodean a torito bravo. Alguien trata de hacerse oír entre el barullo y el presidente del Congreso le interrumpe: «Un momento, por favor. Ruego que despejen los pasillos».

 

Torito bravo abandona el hemiciclo.