Trabajadores que se saben trabajadores

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Uno de los éxitos del modelo liberal eurooccidental ha sido convencer a los trabajadores de que ya no lo son y hacerlos sentirse parte de la temerosa clase media. Hay trabajadores que aún saben que lo son.

 

Hay un matiz importante en el uso del lenguaje. Los maestros mexicanos se agrupan en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). ¿Se fijaron? «Trabajadores», proletarios de un sector clave -el educativo- que se niegan a aceptar la reforma privatizadora, instrumentalista y elitista que ha impuesto el gobierno de Enrique Peña Nieto. El viernes vivimos momentos terribles, cuando la Policía Federal rodeó la simbólica Plaza del Zócalo y desalojo el campamento de la CNTE con extrema violencia. Los maestros mexicanos no están defendiendo meros intereses gremiales o «privilegios» de un grupo de «profesionales», sino que, conscientes de su condición de clase, se enfrentan a la dominación de un Estado permeado por el crimen organizado y al servicio, como está suficientemente desmotrado, de los grandes intereses económicos nacionales y transnacionales.

 

La CNTE vuelve a la carga este martes. Ya ha avisado de que va a retomar el Zócalo y lo pueden hacer porque no están solos. La izquierda social mexicana acumula una larga historia de derrotas que la han preparado para volver a la batalla con más argumentos, mejores estrategias y una mayor base social. Estudiantes, maestros, campesinos sin tierra, indígenas, víctimas de la violencia, familiares de los desaparecidos…. una densa red de alianzas se está tejiendo en México y cuyo potencial es incalculable. Tanto, que el Estado no sabe cómo reaccionar… o mejor expresado: sólo sabe reaccionar como lo ha hecho históricamente, con violencia, con represión y hostigamiento. La técnica funciona, pero no aplasta a movimientos que ya están acostumbrados al dolor y la persecucion.

 

Los trabajadores de la educación de México se saben proletarios y aunque el vocabulario les suene a algunos como trasnochado, lo cierto es que permite volver a situar a cada quien en su lugar. Vivimos una época en que un trabajador del sector transporte, de la limpieza o de la industria pesada se considera case media porque la política del crédito le ha permitido, en algunos casos, mejorar sus condiciones aparentes de vida. Y convertir a esta masa en clase media ha sido el gran triunfo del modelo porque no hay clase más conservadora y temerosa del poder que la clase media. Peña Nieto tiene un problema porque sólo hay que ver las imágenes para darse cuenta de que las personas integrantes de la CNTE son trabajadores humildes y dignos. Y van a luchar, porque, a diferencia de la triste clase media, no tienen nada que perder.

Me perdí en Otramérica, esa que no es Iberoamérica, ni Latinoamérica, ni Indoamérica, ni Abya Yala... y que es todas esas al tiempo. Hace ya 13 años que me enredé en este laberinto donde aprendí de la guerra en Colombia, de sus tercas secuelas en Nicaragua, de la riqueza indígena en Bolivia o Ecuador, del universo concentrado de Brasil o de la huella de las colonizaciones en Panamá, donde vivo ahora. Soy periodista y en el DNI dice que nací en Murcia en 1971. Ahora, unos añitos después, ejerzo el periodismo de forma independiente (porque no como de él), asesoro a periódicos de varios países de la región (porque me dan de comer) y colaboro con comunidades campesinas e indígenas en la resistencia a los megaproyectos económicos (porque no me como el cuento del desarrollismo). Este blog tratará de acercar esta Otramérica combatiendo con palabras mi propio eurocentrismo y los tópicos que alimentan los imaginarios.