Tráfico de letras

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Más
que mirar
la fotografía, lo
habitual es que la
imagine. Quiero decir, Pablo me
la envía; yo la abro el
lunes; la coloco como fondo de pantalla
y pienso en qué escribir. Pero lo cierto
es que suelo volver poco sobre ella, sino que
intento recordarla.

 

 

Más
que mirar
la fotografía, lo
habitual es que la
imagine. Quiero decir, Pablo me
la envía; yo la abro el
lunes; la coloco como fondo de pantalla
y pienso en qué escribir. Pero lo cierto
es que suelo volver poco sobre ella, sino que
intento recordarla. Siendo así, cabría concluir —espero que el lector
no lo considere una estafa— que no escribo sobre la fotografía,
sino sobre lo que en mi mente queda de lo que la
fotografía es. Eso le resta matices. O tal vez se los aporte. ¿Alguna
vez dije que los post fueran comentarios sobre una fotografía? Si acaso, bajo una

 

fotografía. Cada nueva línea, una palabra más. Sin embargo, el aumento no siempre cubre más espacio. De aquí en adelante, desde el salto anterior en concreto, como casi siempre porque la decimoquinta habría excedido sus límites. Tráfico de letras. No contrabando. O sí. Atasco en la carretera de las semanas. Autovías de papel en blanco repletas de grafías que pasarán. Algún buen maestro me enseñó a apostar por las que permanecen. ¿Y si al fin les hago caso?