Tres eran tres

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Alicia, Anita y Carmela viven en un pueblo de la alpujarra andaluza, alrededor de 1949. Tiempos en blanco y negro, como el cine; la Hepburn, la Stanwick, y una precoz Bacall son sus modelos de nueva mujer del siglo XX. A pesar de las cuadras en las casas, del olor a corral y leña ardiendo, y de los tristes terraos de launa, ellas se pasean los domingos por los alrededores del castillo del pueblo, como si fueran a asistir a un estreno en la Gran Vía madrileña.

 

Alicia es la maestra, y nacida en Granada. Aunque sólo está de paso por el pueblo, todos la admiran y desean. Anita la boticaria es hija del farmacéutico del pueblo, gente con posibles, gente con estudios, gente divertida. Carmela es la novia del joven practicante. A pesar de ser guapa, sabe que su Antonio bebe los vientos por la maestra; aunque eso no le impida ser amiga de ella; no puede considerarla una rival porque Alicia no le corresponde.

 

Tomó esta foto Teresa, madre de los Faba, que por eso no sale en la imagen. María Felix o Jane Russell habrían temblado en las pantallas, si la belleza arrebatadora de la fotógrafa hubiera entrado también en la fotografía.

 

Una tarde de invierno en Granada, el más joven de los Faba acompañó a su madre a una casa nueva de la plaza de la Trinidad. Teresa había conseguido la dirección de Alicia, a la que no veía desde hacía 40 años. Se presentaron en su casa y, rodeada de gente querida, allí la encontraron. Seguía siendo una mujer especial, con un gran magnetismo humano. Nunca llegó a casarse. Las dos se dieron un fuerte abrazo, y Alicia le regaló a Teresa este retrato.