Tripofobia

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No puedo posicionarme en ninguno de los intereses generados por el detalle de las “alpargatas” del presidente. Sus partidarios ([los del presidente y los de las “alpargatas”] los hay, todavía, y muchos) han salido de todas las formas posibles a defenderlo apoyándose mayormente en la nimiedad del asunto, a pesar de los antecedentes notables, comparándolo con nimiedades del otro bando; al contrario que estos mismos oponentes, quienes han estado merodeando por la foto avivando la burla y el escándalo. Sólo el hecho de tener que ponerse los pantalones, la camisa y la chaqueta en plenas vacaciones ya es suficiente esfuerzo, dedicación, sentido de Estado y delicadeza como para poder dejar los pies en libertad en verano. Cuánta crueldad. Seguro que Sánchez no ha leído El Arte de la Prudencia, de Gracián, aunque también podría ser que lo hubiera hecho y hubiese olvidado sus conceptos, como tantos, con las prisas y el sopor. Al final se hace el mismo paripé atendiendo por videollamada la repatriación de los españoles de Afganistán con zapatos, con alpargatas o en bañador Turbo. Pero lo verdaderamente considerable en este asunto es averiguar si las alpargatas de Sánchez eran en realidad unas zapatillas de rejilla, como se sospecha. Eso daría un giro revelador a la importancia de tan liviano acontecimiento. Los líderes internacionales suspenden sus vacaciones y Sánchez las apura como medio levantándose de la tumbona, ¿y qué? Ya no sorprende a nadie. No es relevante que Sánchez dirija el país, en cualquier situación imaginable, desde la piscina de La Mareta, desde un porche de Doñana o desde su despacho en La Moncloa. Es un hecho más fútil aún que el hacer trampas, bien sea con el doctorado o con los pies, siempre y cuando no se hagan con zapatillas de rejilla. Yo estoy casi convencido de que como doctorando las llevaba, pero no tanto en la fotografía que nos ocupa. Hasta existe un miedo humano provocado por mirar figuras geométricas muy juntas entre sí, como pueden ser un nido de avispas o los agujeros de tales zapatillas, llamado tripofobia. De existir dicha rejilla es como añadirle repulsión a la repulsa, los que la sientan, no ya por no ponerse unos zapatos, sino ni siquiera unas alpargatas como Dios manda. 

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