Tuits sobre la mímesis en arte

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Apenas es concebible el arte sin la imitación. Unas veces se imita del natural y otras, las más, lo que se hace es imitar convenciones, fórmulas, tradiciones.

 

El artista no reproduce aquello que ve y oye, sino solo lo que previamente ha aprendido a ver u oír.

 

Claro que el buen artista está obligado a mirar el mundo con una mirada limpia de prejuicios, sin las cataratas del formulismo.

 

El arte imita a la vida, pero toda vida es réplica, copia, reproducción.

 

Repetimos palabras, frases, dichos. Contamos lo que vimos y contamos lo que otros nos contaron.

 

Fotografiamos y filmamos bodas, bautizos, escenas campestres, viajes, un día de verano en la playa, una cena con colegas.

 

En efecto, todo lo que es y todo lo que sucede en el mundo es susceptible de ser reproducido y, sin embargo, no toda reproducción es arte.

 

¿Qué factor o qué condiciones convierten lo que se imita en un objeto artístico? ¿Una voz autorizada, el consenso público, un rótulo puesto al pie de un pedestal en donde se lee “obra de arte”?

 

La representación entra en la categoría de arte o de obra artística cuando resulta válida por sí misma, más allá de su referente, el cual puede o no puede existir, estar reproducido con fidelidad o ser una burda copia.

 

El artista imita, pero también expresa. Expresa sentimientos, estados de ánimo, deseos, miedos.

 

El objeto artístico puede sortear o inventarse el referente en cuestión, aunque siempre tiene que haber una especie de cordón umbilical que lo una con el exterior.

 

Una obra artística sin una referencia externa es un simple artefacto.

 

¿Puede un artefacto como tal ser una obra de arte?

 

A mí me parece que no.

 

Los artefactos inservibles van al basurero. La obra de arte tiene que representar siempre algo, desde un conflicto humano a un objeto.

 

El arte es signo, aunque ese signo sea muchas veces un jeroglífico.

 

El jeroglífico tiene que acarrear algún sentido, porque un jeroglífico indescifrable es un ornamento, como lo es la escritura china para un occidental.

 

El arte decorativo no es exactamente arte.

 

Siento que buena parte del arte contemporáneo es decoración.

 

Aparte del ballet o la música, el único arte que me interesa es el arte mimético.

 

Platón y Aristóteles lo dijeron casi todo sobre la mímesis en arte, aunque los dos tomaran posiciones muy distintas.

 

Para Platón el arte es una copia más o menos falseada de lo real, mientras que para Aristóteles arte es, más bien, una recreación que estiliza, mejora o aclara el original.

 

Uno es manifiestamente aristotélico.

 

La mímesis crea un mundo paralelo que nos ayuda a comprender y ver mejor el mundo real. No representa lo que es sino lo que debe ser. O lo que podría ser. O lo que no fue y pudo ser.

 

La mímesis está siempre condicionada por los principios éticos que presiden la sociedad.

 

En la Antigüedad la mímesis no permitía que el héroe fuera un porquero ni el rey un personaje ridículo, ni es permisible en la actualidad una narración que condone la pederastia o se regodee en la violencia.

 

Tampoco la pornografía es arte. Ni las ejecuciones sumarias.

 

Cuanto mayor es el grado de mímesis en un obra de arte, más acentuada resulta su moral.

 

Solo la música es amoral.

 

Solo la música es ajena (o casi) a la mímesis.

 

Solo la música puede llegar a ser un artefacto autónomo, sin referencias externas, salvo la emoción que pueda causar.

 

De la musique avant toute chose… Et tout le reste est littérature.

Nacido y criado en Madrid, José Luis Madrigal ha pasado la mayor parte de su vida adulta en el mundo anglosajón. Vivió varios años en Londres y desde 1986 reside en Brooklyn, Nueva York. Es profesor titular en el Queensborough Community College y el Graduate Center de la Universidad de Nueva York (CUNY). Publica con cierta regularidad trabajos sobre atribución textual. En 2002, provocó algún revuelo al proponer que el Lazarillo lo había escrito un humanista toledano, Francisco Cervantes de Salazar, atribución que el mismo desecho años después tras darle muchas vueltas al asunto. Actualmente defiende otra candidatura más fundamentada, pero tras el traspié anterior prefiere no airearla demasiado. Algunos de sus trabajos están disponibles en la red. Digamos para terminar que le gusta leer, conversar con unos pocos amigos afines y contarle historias a su hija de siete años.