Un apunte al margen

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Acabo de leer el libro de Janet Malcolm sobre el juicio por asesinato en una comunidad de judíos bujaríes de New York (Ifigenia en Forest Hills). La polémica periodista disecciona el proceso con maestría y señala algunos de los límites de la justicia penal. La tragedia emerge constantemente en las sesiones del juicio. Una palabra o un indicio pueden cambiar las conclusiones y la predisposición del jurado. Pero hay una frase de Malcolm que me ha hecho pensar en el actual ambiente historiográfico hispano: un juicio es «una pugna entre dos relatos antagónicos». Esa es el gran problema al que se enfrentan los jueces y los jurados de todo el mundo. Apenas hay espacio entre estas dos narraciones contrapuestas. En nuestro país sucede algo parecido, con la connivencia de amplios sectores de la historiografía, en el espacio público. O se está conmigo o contra mí. Siempre parece existir un relato del que es imposible escapar. Si lo haces, pronto caerá el anatema o la deslegitimación.

 

La realidad me hace recordar El proceso de Kafka. Justamente el momento en el que K. asegura: «sin embargo, no soy culpable. Es un error. ¿Cómo puedo ser siquiera culpable el ser humano? Todos somos aquí seres humanos, tanto unos como otros». Y el sacerdote le responde: «Es cierto, pero así suelen hablar los culpables».

Joseba Louzao nació en Bilbao en 1983. Es doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco (UPV) y en la actualidad es profesor en el Centro Universitario Cardenal Cisneros (Universidad de Alcalá de Henares).
Está especializado en historia de las religiones y es autor del libro Soldados de la fe o amantes del progreso. Catolicismo y modernidad en Vizcaya (1890-1923) (Genueve Ediciones) y, como coordinador, de La restauración social católica en el primer franquismo, 1939-1953 (Publicaciones de la Universidad de Alcalá de Henares). Este blog será su particular maleta preparada, porque el pasado siempre es un país extraño.