Un apunte sobre la verdad y la historia

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Tucídides, quien ha sido considerado junto con Heródoto el “padre de la Historia”, facilitó que ésta, que comenzó siendo una heredera natural de la poesía, eliminase el mito y adquiriese capacidad autónoma para comprender el mundo. De esta forma, escribió que su historia de la guerra del Peloponeso se convertiría, convencido de las bondades de su método histórico frente a lo anterior, en “una posesión para siempre, no para el entretenimiento de un instante”. Esta interpretación caló hondo y, con el paso de los siglos, Leopold von Ranke y sus discípulos, los auténticos creadores de la historia profesional, se comprometieron en escribir la historia “tal y como fue”.

 

Desde hace décadas, los historiadores han participado de una “industria de la identidad” que termina por convertir a algunos colectivos concretos como los principales sujetos de la historia, que son representados de forma estable, estática y primordialista . Con todo, deberíamos comprender ya que, tal y como lo afirmaba inteligentemente el pensador colombiano Nicolás Gómez Dávila: “la verdad está en la historia, pero la historia no es la verdad”. Nos iría mucho mejor, sin duda alguna.

Joseba Louzao nació en Bilbao en 1983. Es doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco (UPV) y en la actualidad es profesor en el Centro Universitario Cardenal Cisneros (Universidad de Alcalá de Henares).
Está especializado en historia de las religiones y es autor del libro Soldados de la fe o amantes del progreso. Catolicismo y modernidad en Vizcaya (1890-1923) (Genueve Ediciones) y, como coordinador, de La restauración social católica en el primer franquismo, 1939-1953 (Publicaciones de la Universidad de Alcalá de Henares). Este blog será su particular maleta preparada, porque el pasado siempre es un país extraño.