Un círculo vicioso

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Hola, hija, casi no consigo sitio en ninguna terraza –la chica sentada, de unos treinta, con acento norteño, nariz aguileña y moñete alto–. ¿Has visto? Aún pega algo de sol, un logro en el país este.

 

Lo siento. He salido más tarde de lo planeado del curro. ¿Llevas mucho esperando? –la chica que acaba de llegar, algo más joven, pálida de piel, pelo castaño oscuro y ojos de sonrisa constante.

 

Nada, tranquila, acabo de llegar. ¿Qué quieres tomar?

 

¿Pues una cañita no? –se asienten con un gesto cómplice–. Deux bières s’il vous plaît, merci!

 

¿Cómo va la semana? ¿Alguna novedad? –la más joven.

 

Como siempre hija, ¿qué te voy a contar? En la oficina todo el día. Y luego el tiempo este… ni sol, ni luz, ¡ni nada! No me extraña que la mitad de los locales padezcan depresión. Estoy planteándome lo de la vitamina D, venden suplementos y, para mí, que me hacen falta.

 

Ya te digo. No sé cómo lo sobrellevan. Claro, no se lo plantean y no piensan nada más que en trabajar para tener hijos y comprase una casa con veintitantos. ¡Vaya una vida!

 

Silencio.

 

Cada vez que voy a casa de los padres de mi novio… una presión ¡y una depresión! Que si cuando niños, que si ya tengo una edad… ¡Y yo estoy bien así! Además, imagínate tú que mentalidad esta de aquí para criar e inculcar a los hijos… individualistas, tradicionales y materialistas a más no poder.

 

Pues ya ves. Sin hablar de la solidaridad y la humanidad. En España es distinto, existe un sentimiento de comunidad, hay alegría, luz… es otra cosa.

 

Hombre, ¡es que lo de aquí no es ni medio normal! Mira este señor –señala a un hombre de mirada perdida que camina dando tumbos con una lata en la mano–. Como él, uno en cada esquina.

 

Bueno, en España también ocurre.

 

¡Pero mucho menos! Y hay un… no sé, que es diferente.

 

Hombre, en España también lo de casarse y tener hijos… Acuérdate de la amiga esa tuya que me contaste que se casó y ahora es mujer florero.

 

Ah, sí claro, ¡de esas muchas! Sí, sí. Yo eso no lo entiendo. Una chica, con estudios, y lista como es ella, acabar así…

 

Si es que al final ni aquí ni allí.

 

¡Y tanto! Vamos, que tampoco se esta tan mal aquí.

 

Y que si estuviéramos tan mal, ya nos habríamos ido. ¿O te volverías tú ahora?

 

No, no. Yo ni de broma, volver ahora para nada.

 

Ni yo. Entre la multiculturalidad, los idiomas…

 

¡Y el trabajo!

 

Sí, la verdad que mal no estamos. Me voy al baño, ¿me vigilas el bolso?

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Noemí Rodrigo Sabio
Noemí Rodrigo Sabio (Zaragoza, 1992) es una de los cientos de inmigrantes españoles en Bruselas. Estudió Periodismo, Fotografía y Comunicación Política Europea en España y Bélgica. Le interesan los temas de inmigración, cambio climático, el periodismo literario y la relación del hombre con su entorno y el medio natural. Actualmente prepara Ellas son campo, proyecto fotoperiodístico centrado en el rol de la mujer en las áreas rurales y explora, del mismo modo, el exilio franquista y la identidad española en la capital belga.   “Cada inmigrante, aquí en Bruselas, es una historia. O dos, o tres, o infinitas. Atraídos al extranjero por diferentes circunstancias, sus miles de vivencias conforman lo que podríamos denominar la narrativa de la inmigración española europea del siglo XXI. Tales historias merecen ser contadas y recordadas, además de escuchadas. Este blog reivindica el estatus del inmigrante en nuestra sociedad dando voz a los procesos, sentimientos y experiencias de los españoles en el extranjero.”

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