Un mapache llamado Taffy 

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Todo el mundo está contento con Pedro Sánchez. No es para menos. El indulto contempla la traición, por un lado, y por el otro contempla la inanición. El independentismo es insaciable. Pedro Sánchez es ese señor sentado en el banco de un parque que echa migas de pan a las palomas. Las tiene posadas hasta en la cabeza. Pero se le ve satisfecho en la exposición. A Pedro Sánchez se le vería satisfecho anunciando el regreso de la pena de muerte con tal de que hubiera focos. La figuración es su ambiente y su falta de talento y de escrúpulos le abocan a la polémica y el artificio. El candelero está que arde y allí se ha puesto en primer plano entre las balas y las flechas, se diría que feliz, hablando de comprensión, de concordia y de magnanimidad. Hasta los indultistas, o los que deberían serlo o celebrarlo no se creen la jugada. Ya le quedan pocos por engañar y ese es el tiempo que le queda, un decir. Los traicionistas no le perdonarán nunca esta ficción de realidad y los indultistas y los independentistas no se creen esta realidad de ficción. Ayer estaba yo a las tres de la mañana con mi hijo en la sala de espera de urgencias (nada grave, por suerte) y en la tele ponían unos dibujos animados en los que un mapache llamado Taffy se hacía pasar por un gato para vivir a cuerpo de rey en casa de una señora rica, la señora Forsythe. Pero el perro de la señora, de nombre Bentley, sabía que Taffy era un impostor, y trataba por todos los medios, todos absurdos, de desenmascararle sin éxito. Hay que pensar bien cómo hacerlo para salir de esta serie. Había en esos dibujos una inquietante metáfora animada de Pedro Sánchez, que mayormente es Taffy, el mapache que se hace pasar por gato, pero cuando lo necesita es también el perro Bentley e incluso la señora Forsythe. Taffy es Sánchez, Bentley son los españoles y la señora Forsythe es España. En el capítulo de ayer (hoy de madrugada), Bentley intentaba atraer a Taffy con esencia de caviar hasta un pozo para hacerlo caer por él, con la mala suerte de que al intentar abrir un frasco se le roció encima y el olor, imposible de quitar, atraía sin remedio a todos los gatos hambrientos, que lo perseguían sin cesar durante todo el capítulo. Pedro Sánchez es ahora mismo Bentley en este capítulo. Y la particularidad es que le gusta que le persigan. Él lleva encima y con gusto la esencia de caviar o la esencia de cualquier cosa que le sirva para seguir disfrutando de la vida en la mansión de la señora Forsythe, y aquí nos tiene viviendo con él sus aventuras de protagonista al precio que sea. Todos le quieren cada vez menos, pero menudo es Taffy para escabullirse y salir triunfante de las situaciones más comprometidas en perjuicio de todos. 

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