Un mundial de mierda

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Sí, hay un montón de mierda en cada portería de cualquier campo de fútbol de este mundial de ídem. (Y lo digo sin haber visto ningún partido todavía). Cuando os lo diremos, el olor de la misma llegará a vuestras narices. E iremos directamente al grano. Los que habéis hecho caso omiso al runrún de los que andaban mosqueados porque Qatar se benefició de la corrupción de la FIFA os empezaremos diciendo que os aplaudimos que no creyerais que más de 704 chicos de edades comprendidas entre los 18 y 30 años deben ser sensibles al hecho de que Qatar es una monarquía absoluta, o sea, dictadura, en la que las libertades las pasan por el forro del rajá que ostenta la corona. Quien dice rajá, dice jeque lleno de cheques. ¿Sabéis por qué nos da exactamente igual que se haya muerto la cantidad de gente que pereció edificando los estadios y los hoteles para acoger a los mozos arriba mencionados? Porque la mayoría de ellos sueña con lo que se suele llamar «mundo occidental»,  y aun sean residentes de Accra o Dhaka, y es un modelo civilizatorio que abrió paso a base de carnicerías diversas que luego eran glorificadas como grandes gestas. Además, en esta cuestión lo más feo de este mundo occidental se ha aliado con los nativos bigotudos de la fe mahometana, estos que saben que si se muere luchando contra el infiel se gana un cielo lleno de mujeres indemnes a la gonorrea. (Bueno, son vírgenes)

Por alguna razón que no contáis, entendéis que estos 704 chicos seleccionados no deben ser sensibles al hecho de que en Qatar no solamente no pueden alardear de la ingestión del alcohol, sino que deben acostumbrarse al hecho de que la mujer sea considerada un objeto que no debe ser mostrado para no tentar a los piadosos,  relegándola por siempre a la categoría de menor de edad con discapacidad. Por ver los goles de estos chicos debemos olvidar esto. ¿Pero sabéis qué?, vais a hacer muchos ejercicios de álgebra para decir a cualquier chico de Guinea Ecuatorial que celebre en su ciudad, dominada por las fuerzas de la dictadura, gente antigua y claramente franquista, el día del orgullo gay y que reivindique los derechos de la sexualidad alternativa si vosotros, viviendo en el centro de la luz del mundo, y en aparente libertad, sois incapaces de llevar un simple brazalete de colores para no irritar a los barbudos de la era hégira que os moja la barba.

Pues eso lo habéis empezado, y probablemente no haya vuelta atrás. ¿Sabéis lo que estáis buscando con todo esto?, que os tomemos la delantera y nos abonemos al relativismo de la moral, esta forma de vida en que cualquiera puede asaltar la dignidad de quien sea y cuya muestra relevante sea el hecho de que un demócrata como Miguel Ángel Moratinos felicite a Obiang Nguema Mbasogo por  su «victoria» en unas elecciones en las que no tuvo contrincante, porque las votaciones fueron llevadas bajo inaceptables amenazas. Y cuando esto se ponga peor porque habéis apurado el vaso de la indecencia, os ayudaremos a recoger el fruto de vuestra lamentable siembra. Son aquí palabra y piedra suelta a partes iguales. Y que os den.

Barcelona, 26 de noviembre de 2022

Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La carga, El desmayo de Judas, Nadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.

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