Un mundo frágil

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(Imagen: Pexels: monstera – productions)

El mundo se agita, es frágil, se corrompe y avanza, retrocede como un boomerang sin control. Queremos avanzar hacia un futuro mejor y más tecnológico, más justo y sin embargo navegamos en sentido contrario, buscando sin remedio nuestra propia destrucción que como seres inteligentes, hemos perdido la esperanza y el rumbo de una vida mejor.

Las guerras se suceden. La brutalidad humana hace su presencia cada vez con más evidencia, marcando los pasos de unos dirigentes cada vez más extremistas, más ineptos que sólo buscan sus propios intereses.

La sociedad actual se desmorona como una torre de naipes que ha sido levantada con paciencia, sacrificio y libertad.

La esperanza se pierde entre espesas nieblas, donde las siluetas de la guerra aplastan las ilusiones y siembran el dolor a seres inocentes que ven perdidas sus vidas y su futuro. Las sendas que conducen a la solución, amargamente están sembradas de campos de minas que aplastan y destruyen la dignidad humana.

Nos enfrentamos sin duda ante un camino difícil de avanzar, donde nuestros hijos y las generaciones futuras son las víctimas de nuestra irracionalidad.

Cada vez más, los refugiados que salen huyendo de los países en guerra o bien en situaciones de hambrunas y sequías, se cuentan ya por millones. Niños con ojos perdidos que no sonríen, que nunca han sentido la felicidad que les debería corresponder como almas inocentes y puras.

Hablan de la caída del muro de Berlín, cómo si fuera una victoria de los pueblos en libertad. ¿Y los muros que separan de México y Estados Unidos, de España y Marruecos, de Israel y Palestina, de las alambradas que encierran los campos de refugiados, de las fronteras que cierran ante la masiva llegada de personas que solo buscan una oportunidad para vivir? Que hipocresía y qué ciegos estamos ante situaciones que no queremos ver. Los países intentan impedir por la fuerza estas migraciones ocasionadas precisamente por los intereses macabros de grandes potencias. ¿Es esta la sociedad que queremos en un futuro? ¿Es esta la humanidad que se desprende de nuestros corazones?

Ignoro como seremos capaces de tomar soluciones ante estas crisis humanitarias. El mundo se apaga lentamente pero de una forma eficaz y contundente. La crisis climática amenaza los ecosistemas del planeta y por más que la razón nos dice que debemos pararla y afrontar los coletazos que se nos viene encima, los políticos miran hacia el otro lado como si nada fuera con ellos.

Los que de forma crítica intentamos con nuestros escasos recursos dar un poco de luz y proponer soluciones a esta clara realidad, somos ignorados y tachados de conspiranoicos por un poder en la sombra que toma el timón de nuestras vidas. Y mientras tanto, la esperanza cansada espera paciente en nuestros corazones.

(Imagen Pedro Pozas Terrados)

Te tuve en las manos,

en mi alma,

en el fragor del viento

y en cada tenue llama.

 

Eras linda mariposa

de bellos colores,

de elegancia hermosa

y dulces olores.

 

Viniste a mí

junto a las flores.

Te reconocí

y en ti lloré.

 

Eras la esperanza

con la paz truncada

tapastes el sol

que te dio la espalda.

 

El odio mata

corazones llanos

y ríos de sangre

tiñen de rojo la mañana

 

En un mundo callado

el poder arrasa,

gritos ahogados

en la esperanza,

en un caminar sin pausa

con soledad amarga.

 

El mundo llora

al alba

y caen mis lágrimas

que se funden

en tierra mojada.

Pedro Pozas Terrados es escritor, naturalista, dibujante, poeta, investigador, crítico, aventurero, animalista, ecologista y amante de la vida en todas sus formas. Director Ejecutivo del Proyecto Gran Simio en España y miembro del Comité Español de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), ambos cargos desempeñados de forma altruista. Ha escrito once libros, coautor de seis más. Posee doce cuadernos de campo (dibujos en lápiz) además de 400 láminas de dibujo y 50 en acuarela. Sostiene que la Tierra tiene que ser un ente jurídico con derechos propios recogidos en todas las constituciones de los gobiernos. Que los grandes simios deben ser considerados personas no humanas con sus derechos básicos y que todos los seres vivos tienen que ser respetados y tratados como seres sintientes.