Un sabio con un corazón de oro

0
350

 

Un sabio con un corazón de oro. Retengo esa frase de un amigo de José Luis Sampedro. Me miran desde la estantería de mi casa las portadas de algunos de sus libros, y me entra la urgencia de volver a leerlos todos, de encontrar los que no he leído, de llenarme de nuevo con sus palabras como homenaje íntimo de despedida a quien se admira y se quiere; no puedo evitar querer lo que admiro, tal vez porque la admiración nace del corazón cuando la cabeza queda iluminada, cuando recibe luz y necesita conectar con la emoción. Y eso era Sampedro: luz.

 

José Luis Sampedro pensó, amó y vivió en la misma continuidad que recordaba debía existir entre la bondad y la inteligencia, los sentimientos y la razón. Pensar nos debe hacer mejores, a nosotros y a los que nos rodean, para que el mundo sea un poco menos malo cuando nos vayamos que cuando llegamos. Y eso sólo se puede hacer desde el amor generoso y libre que él predicó, escribió y practicó. 

 

En tiempos tan oscuros nacen falsos profetas, canta Sabina, y en tiempos tan oscuros mueren algunos verdaderos.

 

Yo sólo coincidí con él una vez, pero tengo la sensación de que me ha acompañado durante años cada vez que alguna de sus obras conseguía llenarme de confianza, de agradecimiento, de reconciliación con la vida por la que hay que pasar sin anestesias, con el alma despierta, como él lo hizo.

 

Radical, porque no se andaba por las ramas, iba a la raíz, sereno y firme en sus certezas y en sus dudas. Parecía de otro tiempo, del porvenir, del futuro al que quería salvar de este presente avaricioso y desnortado, ante el que, a pesar de todo, jamás se rindió su lucidez.

 

José Luis Sampedro era humanista. Nada de lo humano le era ajeno e intentó llevar en su vida, y trasladar a su obra, la coherencia de que todos los seres humanos nacen libres e iguales en derechos, aunque no les dejen serlo. Por eso murió indignado y en paz, porque nunca dejó de ser un individuo que creía en la dignidad colectiva, en un proyecto de bien común desde la libertad y la igualdad por la que había que luchar desde donde te correspondiera, esa libertad e igualdad que muchos izan como bandera, pero pocos están dispuestos a defender en persona cuando tienen la posibilidad de subir a una tribuna pública.  

 

José Luis Sampedro era feminista; ser mujer o ser hombre desde un mandato social de lo correcto y lo incorrecto nos hace menos libres y más infelices y limita nuestra sexualidad que es un derecho a realizar entre hombres y mujeres sin jerarquías, sin etiquetas, una vivencia gozosa y libre entre seres humanos iguales, y no un instrumento de represión, dominación o violencia que sufren sobre todo las mujeres.

 

José Luis Sampedro era feminista, y ser feminista es muy difícil, mucho más que ser anticapitalista. Hay que ser muy crítico, muy coherente, muy libre, muy sabio con la cabeza y con el corazón,  hay que admirar y querer mucho al ser humano, como lo hizo Sampedro: un sabio con un corazón de oro.

Pilar Pardo Rubio. Estudió Derecho en la Carlos III y continuó con la Sociología en la UCM, compaginando en la actualidad su trabajo de asesora jurídica en la Consejería de Educación y la investigación y formación en estudios de Género. Desde el 2006 colabora con el Máster Oficial de Igualdad de Género de la Universidad Complutense de Madrid que dirigen las profesoras Fátima Arranz y Cecilia Castaño. Ha participado en varias investigaciones de género, entre las que destacan la elaboración del Reglamento para la integración de la igualdad de género en el Poder Judicial de República Dominicana (2009), Políticas de Igualdad. Género y Ciencia. Un largo encuentro, publicada por el Instituto de la Mujer (2007), y La igualdad de género en las políticas audiovisuales, dentro del I+D: La Igualdad de Género en la ficción audiovisual: trayectorias y actividad de los/las profesionales de la televisión y el cine español, que ha publicado Cátedra, con el título "Cine y Género". (2009). La publicación ha recibido el Premio Ángeles Durán, por la Universidad Autónoma de Madrid y el Premio Muñoz Suay por la Academia de Cine.   La mirada cotidiana que dirigimos cada día al mundo en que vivimos es ciega a la las desigualdades que, sutiles o explícitas, perpetúan las relaciones entre hombres y mujeres; visibilizar los antiguos y nuevos mecanismos, que siguen haciendo del sexo una cuestión de jerarquía y no de diferencia, es el hilo conductor de "Entre Espejos". En sus líneas, a través del análisis de situaciones y vivencias cotidianas y extraordinarias, se ponen bajo sospecha los mandatos sociales que, directa o indirectamente, siguen subordinando a las mujeres e impidiendo que tomen decisiones, individuales y colectivas, críticas y libres, que siguen autorizando la violencia real y simbólica contra ellas, que siguen excluyendo sus intereses y necesidades de las agendas públicas, que siguen silenciando sus logros pasados y presentes, que, en definitiva, las siguen discriminando por razón de su sexo y hacen nuestra sociedad menos civilizada, a sus habitantes más pobres e infelices, y a nuestros sistemas políticos y sociales menos democráticos y justos.