‘Un viaje frustrado. Contrabando’ —Josep Pla

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He leído en un par de ratos Un viaje frustrado. Contrabando. Son dos relatos cortos de Josep Pla que encontré un día de la cuesta de Moyano. El librito ofrece una lectura agradable, nada pretenciosa, aunque lejos del mejor Pla. Pero el ampurdanés siempre deja subrayados interesantes. Con Un viaje frustrado. Contrabando estreno un modelo de post que consistirá en agrupar los subrayados que voy haciendo en lo que leo. Como durante el próximo mes y medio casi no voy a poder leer (porque tendré que estudiar), rescataré los últimos títulos que han pasado por mis manos. (Así ha sido mi 2014 en libros.) Supongo que en algún momento me atreveré a retomar el diario que he ido publicando estos últimos meses. Esto es lo que destaco en Un viaje frustrado Contrabando:

 

He leído en un par de ratos Un viaje frustrado. Contrabando. Son dos relatos cortos de Josep Pla que encontré un día de la cuesta de Moyano. El librito ofrece una lectura agradable, nada pretenciosa, aunque lejos del mejor Pla. Pero el ampurdanés siempre deja subrayados interesantes. Con Un viaje frustrado. Contrabando estreno un modelo de post que consistirá en agrupar los subrayados que voy haciendo en lo que leo. Como durante el próximo mes y medio casi no voy a poder leer (porque tendré que estudiar), rescataré los últimos títulos que han pasado por mis manos. (Así ha sido mi 2014 en libros.) Supongo que en algún momento me atreveré a retomar el diario que he ido publicando estos últimos meses. Esto es lo que destaco en Un viaje frustrado y Contrabando:

 

* Cuanto más irrisorio es un pueblo y menos personas lo habitan, menos pueden soportarse. La idea de la fraternización y de la ayuda mutua es una idea de las grandes ciudades. En los lugares solitarios, allí donde los contactos parecen indispensables y naturalísimos, la gente es más individualista y vive más separada.

Un viaje frustrado

 

* La juventud es la única época en que el catalán no se complace mortificando a los demás con el interés o la ironía.

Un viaje frustrado

 

* Llevo ya diez días fuera de casa y empiezo a acusar cierto cansancio. He pasado muchos años sin tener contacto con esta vida. Mientras como y bebo, siento el aire en la piel, la voluptuosidad de la luz, el divino calor del sol. Es agradable, magnífico… pero al mismo tiempo siento una especie de añoranza que me produce una fatiga interna. La añoranza del aire inmóvil, de una luz más tenue, de un sol más mortecino. Es posible que la vida al aire libre, directa y sin límites, que ahora estamos practicando, no sea demasiado compatible con determinado grado de estupidez e ineptitud provocado por la cultura intensiva. Es decir: la tragedia consiste en que llega un momento en la vida en que sólo ose puede tolerar el sol embotellado y el aire descrito en los libros. La cultura es una forma enfermiza de la vida.

Un viaje frustrado

 

* Es hermoso ver cómo un hombre se dedica a su oficio; es más hermoso ver cómo un hombre se dedica a su oficio, que un regimiento de trabajadores moviendo el pico o la pala. Los oficios han creado las cosas más bellas, más gráciles, más elegantes del mundo. Lo que fabrican las máquinas es triste, hórrido, deprimente, de una fúnebre vulgaridad.

Contrabando

 

* Pasamos unos días muy agradables. En pleno verano, llega un momento en que, aun sabiendo muy bien a lo que uno se expone, se experimentan unos fabulosos deseos de no hacer nada. El cielo y la tierra, el mar y la montaña, el viento y la calma invitan a ocupar el tiempo en nimiedades menos dolorosas que el hecho de escribir papeles intrascendentes pero enojosos. Se produce la siguiente contradicción: la mejor manera de pasar el rato consiste en no hacer nada. Escribir es una nimiedad tan complicada, que llega a devastarnos. Cualquier pretexto es bueno para dejarlo correr por una temporada. El trabajo intelectual tiene este inconveniente: puede ser muy duro, pero no provoca el sudor, no elimina nunca de los tejidos del cuerpo los tóxicos sobrantes. Las tristes e ineluctables alucinaciones mentales gastan las fibras, pero no incitan a reponer vitalidad; un esfuerzo físico rejuvenece, un esfuerzo mental envejece. Se apoderan de uno los más irreprimibles deseos de sudar, de tirar de una cuerda, de levar palangres, de remar. Al anochecer os invade el sueño; el cerebro rechaza cualquier obsesión, os domina el delicioso desfallecimiento de la felicidad. No puede pedirse una evasión más útil que la que proporciona un barco.

Contrabando

 

* Las grandes ilusiones son el sueño de una sombra, y por ello duran tanto. Las pequeñas, en cambio, se nos mueren una tras otra…

Contrabando