Una bala directa a su corazón

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El gobierno de Francia ha anunciado la creación de un nuevo delito en su código penal: “Delito” de ecocidio, aunque la propuesta para su denominación al principio era de “crimen de ecocidio”. Los países industrializados o llamados a avanzados intentan cada vez más combatir los delitos medioambientales realizados no solo por personas individuales sino también por empresas que puedan contaminar o violen las leyes estipuladas a tal efecto en su propio país.

En España, sin embargo aunque existen numerosas leyes que protegen la naturaleza, tanto nacionales como de las Comunidades y al estar transferidas las competencias a los gobiernos regionales, muchos delitos quedan sin ser castigados. Miles de denuncias que el Servicio de protección de la Naturaleza de la Guardia Civil que imponen, al ser cursadas a las Consejerías de Medio Ambiente, quedan archivadas o sencillamente no se les da curso judicial. Vertidos que se sancionan si es que se sancionan con penas irrisorias, contaminación, empresas de reciclaje que no cumplen con la normativa, pesca abusiva, contaminación en las ciudades por el empleo de insecticidas en las calles, el poco control existente a todos los productos químicos del mercado, la construcción de hoteles o urbanizaciones violando la Ley de Costas, los incendios provocados muchos de ellos por ganaderos y agricultores para quemar las hiervas secas, el poco control existente en la seguridad de los alimentos que llegan al mercado, el escaso control de los etiquetados de los productos….y un largo etcétera. Bien es verdad que esta circunstancia también ocurre en muchos países del mundo. La defensa de nuestra Tierra se encuentra en el último escalón de la persecución judicial.

Pero… ¿Qué pasa con empresas y multinacionales españolas, canadienses, europeas, chinas, japonesas, americanas… que a pesar de proceder y de asentarse en países donde el medio ambiente es medio protegido, se trasladan a terceros países para robar los recursos naturales bajo la protección de gobiernos corruptos que facilitan su entrada en el país a cambio de llenarse sus bolsillos de dinero sin importarles lo que hagan a sus ciudadanos? ¿Por qué la Unión Europea no saca una Ley en la que se castigue con dureza a cualquier multinacional que viole los derechos humanos y los derechos de la Tierra en  los países donde campan a sus anchas? ¿En un siglo XXI podemos permitir el asesinato de cientos de activistas medioambientales y líderes indígenas que defienden sus tierras legalmente y que sus voces son calladas con un balazo en la cabeza? ¿Nos podemos sentir orgullosos de tener la tecnología punta cuando su materia prima procede de charcos de sangre, de violaciones a niños, niñas y mujeres, de esclavitud, de la destrucción de un pueblo? ¿Podemos quejarnos como lo hacen nuestros políticos porque viene gente en pateras a Canarias o a las costas españolas y no son capaces de tomar medidas urgentes para parar la llegada de recursos naturales manchados de violencia sin que se castigue a las empresas que participan en el negocio de la muerte?

Mucho tenemos que reflexionar y pedir a nuestros dirigentes que miran siempre hacia su ombligo pidiéndoles ¡Basta ya! Debe de crearse urgentemente un delito o bien un apartado en los Códigos Penales Internacionales que puedan castigar, juzgar y meter a la cárcel a todas las multinacionales y sus responsables que participen en terceros países y sean responsables directos o indirectos de los crímenes que se están cometiendo en el nombre de la ciencia y el adelanto tecnológico de los países que nos denominamos G-20, G-7 y G como se quieran denominar. Unos cascos verdes internacionales que persigan a los delincuentes de guante blanco con manos rojas.

Lo cierto es que siguen los asesinatos. El aceite de palma utilizado por numerosas empresas de alimentación, de cosmética e industrial y que se encuentra amparado por las leyes europeas, es el origen de muchas muertes, de muchas manos manchadas de sangre incluidas las nuestras que permitimos y no exigimos que se pare este abuso infernal a los pueblos indígenas y campesinos. A  los pueblos nativos que son la esencia del propio palpitar de la Tierra, que son los corazones que defienden nuestra vida porque sin las selvas o bosques el mundo no existiría la vida. ¿Y como se lo estamos pagando?  Quitándoles la vida a ellos.

O esos minerales esenciales para nuestros teléfonos móviles y ordenadores que también en su 80% proceden de campos de concentración, asesinatos y abusos permitidos por el propio estado corrupto de donde lo están extrayendo. O los diamantes, o el petróleo extraído de las selvas que después envenenan los ríos quitando el alimento esencial para miles de nativos. ¿A caso nuestros políticos y los de Europa no son conscientes de todos estos abusos? Pasan, de igual modo que pasan de los llamamientos de los Pueblos indígenas a la Comunidad Internacional.

Me come la rabia por dentro. Me indigna que no existan leyes que puedan parar este crimen organizado. ¿Cuántos intereses existen a este derramamiento de sangre en pleno Siglo XXI? Honduras, Guatemala, Colombia, Perú, Brasil, África entera, Asia y en muchos otros países, no se respetan el más mínimo de los derechos de los pueblos milenarios.

La cara de vergüenza se les tenía que caer a TODOS los políticos por no parar estos ríos de sangre, sangre inocente, sangre olvidada, sangre silenciada. Mujeres y hombres valientes que en el anonimato de un rincón de la selva luchan por defender su vida, la de los suyos, la de la Tierra y sin embargo silencian su voz, su lucha con un tiro en la cabeza. Tristeza por todos ellos y desde mi más profundo ser, siempre lucharé para que sus voces sean oídas. Siempre gritaré que ellos son los verdaderos héroes y guardianes de nuestra madre Tierra. Siempre están en mi corazón, en mi lucha y en mis palabras.

Hay una exposición en Barcelona sobre fotografías que debería estar expuesta en el Congreso de loa Diputados y después pasar a los Parlamentos del resto de la Comunidades, de “Activistas por la vida”. Hombres y mujeres que han sido asesinados o que están amenazados de muerte porque luchan  con las manos abiertas, por la defensa de  las selvas. No son miembros de ONGs que cobran por hacerlo. Son gentes a los que les debemos todo el respeto del mundo. Gentes sencillas que solo alzan su voz por la vida sin recibir a cambio nada. O tal vez sí……una bala directa a su corazón.

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Pedro Pozas Terrados
Pedro Pozas Terrados es escritor, naturalista, dibujante, poeta, investigador, crítico, aventurero, animalista, ecologista y amante de la vida en todas sus formas. Director Ejecutivo del Proyecto Gran Simio en España y miembro del Comité Español de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), ambos cargos desempeñados de forma altruista. Ha escrito once libros, coautor de seis más. Posee doce cuadernos de campo (dibujos en lápiz) además de 400 láminas de dibujo y 50 en acuarela. Sostiene que la Tierra tiene que ser un ente jurídico con derechos propios recogidos en todas las constituciones de los gobiernos. Que los grandes simios deben ser considerados personas no humanas con sus derechos básicos y que todos los seres vivos tienen que ser respetados y tratados como seres sintientes.

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