Una entrevista antes de la siesta

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¿Has sufrido leyendo una novela?

Sí. He sufrido un montón con The Sound and the Fury. Pensaba en eso el otro día que Vargas Llosa hablaba largo y tendido sobre la influencia de Faulkner en su obra. Dicen que tengo que releerla varias veces, así que necesito proseguir en el sufrimiento. Si tengo suerte, algo aprenderé.

 

¿Una novela sobre Nueva York que te guste mucho?

Creo que entre mis novelas favoritas no hay ninguna que suceda en Nueva York. Ahora estoy pensando en dos de Bellow que suceden en Chicago o en otros lugares. Me gustó mucho Netherland, de Joseph O’Neill, pero no es mi favorita. Creo que las mejores novelas que he leído o suceden en otras ciudades de Estados Unidos, o en Latinoamérica o en Europa.

 

¿Cómo quién quisieras escribir?

No lo sé. Son muchos los autores que quisiera imitar. Me interesa la facilidad de George Eliot para mezclar ideas con historias en Middlemarch; o de Virginia Wolf para crear una música mientras escribe To the Lighthouse. He visto lo mismo en John Banville. La música que tiene su prosa en The Sea es fascinante. Me fascinó el ritmo de escritura de Denis Johnson en su novelita Train Dreams. Es una pequeña obra maestra. A veces me gustaría que mis personajes hablaran con la misma desenvoltura que los de Junot Díaz. Hay ciertas historias del pasado, de la adolescencia, que sólo deberían ser contadas en español con esa música que García Márquez perfeccionó en El rastro de tu sangre en la nieve. Toda la descripción de los años del colegio que hace Julian Barnes en Sense of an Ending es casi tan buena como The Portrait of the Artist as a Young Man de Joyce, que es un libro que a cualquier buen novelista le hubiera gustado firmar. Quisiera tener la agilidad que tenía Oscar Wilde para hilvanar ideas hilarantes en las conversaciones de The Importance of Being Earnest. Me gustaría encontrar una historia simple y poderosa y contarla de un modo simple y poderoso como The Old Man and the Sea. Quisiera poder reproducir cartas con el mismo sentido del humor con que lo hace Vargas Llosa en Pantaleón y las visitadoras. Envidio el virtuoso detalle con el cual enlaza Borges las ideas, los comentarios y las citas en sus ensayos. Me encantaría poder hablar de las batallas y de las relaciones de los hombres con los dioses con la misma facilidad con que lo hacía Virgilio (en algunas de las páginas de La Eneida, no en todas.)

 

¿Lees poesía?

Sé que está mal, pero hace mucho tiempo que no leo poesía. Es decir, no leo concentrado, estudiándola. Me gusta de vez en cuando hojear, releer un poemita, darle tiempo a unas imágenes. Tal vez me gustaría ser capaz de contar en verso una historia similar a la del incendio de la biblioteca en Paterson, de William Carlos Williams. Es más, creo que soy capaz.

 

¿Cierto?

Sí. Muchos de los poemas que he escrito son malos, pero creo que hay dos que se podrían salvar.

 

¿Vivirías en otra ciudad que no fuera Nueva York?

Viviría en muchos lugares, pero no me gustaría que fuera otra ciudad. Prefiero el campo y la playa.

 

¿Por qué te interesa tanto hablar de política?

Soy un aficionado al comentario sobre el uso del poder. No creo que sería muy bueno ejerciéndolo, pero es como un placer, un hobby. Me hace sentir bien el defender a quienes yo creo que tienen una ideología parecida a la mía.

 

¿Un creador que no ha sido suficientemente valorado por el mundo?

Juan Acevedo. Es un genio que pocos peruanos conocen. Su arte, su manera de ver la realidad es única y magnífica, hablando en un nivel no sólo latinoamericano, sino universal. Si hubiera un Premio Nobel para historietistas, Juan Acevedo debería ser el candidato de fuerza. Pero primero tendrían que leerlo todos los peruanos, sus libros –sobre todo Pobre Diablo– tendrían que ser distribuídos y leídos en las escuelas.