Una mexicana y un mexicano revisan Kabul con 38 años de diferencia

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Ya se sabe que el intelectual y analista mexicano en general gusta verse al ombligo de la Luna, o al suyo propio (la Luna queda lejos, mi ombligo está a fácil alcance).

Pero después de leer la atinada, muy reciente y puntual columna periodística de la Embajadora Eminente de México, Martha Bárcena Coqui, acerca de lo que ocurre en Afganistán, y a quien conocí hace suficientes años como para no revelarlos por elemental buena educación (no digo caballerosidad porque si ya de por si estos días me identifican con todo tipo de padecimientos mentales, no necesito en lo absoluto ser integrado contra mi voluntad a las pedestres filas del Patriarcado), me resulta más que difícil agregar algo bien articulado y, sobre todo, razonado a la altura de su amplísima experiencia, no nada más en Washington, sino en Turquía durante la crisis de los refugiados sirios y otros frentes no menos complejos.

He leído al menos cien cables, todos destacando el caos, la aparente falta de preparación para cerrar el acuerdo entre la administración Biden y el subsecuente mayhem desatado lo mismo entre ciudadanos estadounidenses tratando de ingresar por las buenas y las menos buenas al aeropuerto de Kabul, la única salida de escape, que de colaboradores afganos de las fuerzas armadas, el Departamento de Estado y la inteligencia estadounidense —más civiles tanto afganos como estadounidenses haciendo negocios en los cuales yo no podría un quinto siquiera, será porque no lo tengo al día de hoy.

Pero regresemos a la columna periodística de la Embajadora Emérita en Washington, DC, Martha Bárcena Coqui.

Ante tanto ruidero mediático, resulta refrescante leer un texto que parece más un razonado despacho de Embajada que uno más de los textos de súbitos comentócratas y opinionistas del tema que sea. Remito al lector (de todo el orbe hispano, como es el caso de @fronterad) al vínculo a la columna de la Embajadora Bárcena Coqui, una vez más.Vale la pena leerla en cada uno de sus cuatro numerales, escritos, ya lo dije, con la concisión, conocimiento y lógica compartible de un memo de Embajada, a diferencia de los cientos de columnas chatarra especulativas, dizque normativas y hasta predictivas.

Primer punto de la Embajadora Bárcena: los golpeteos y reacomodos internos, lo mismo al interior del Congreso que en la opinión pública (puedo y acepto equvicarme en mi interpretación), no le dejan mucho leeway a Biden, si bien hubiera podido echar reversa ante el acuerdo de Trump con los Talibanes.

Segundo punto: se suponía que el Secretario de Estado, Tony Blinken, se habría planteado desde la sesión para su confirmación al cargo, reconstruir las alianzas transatlánticas con la OTAN y la Unión Europea. Lo ocurrido recientemente en Kabul pone un signo de duda en ese buen, ignoro si realista, propósito

Punto tercero: la Embajadora Bárcena no puede ser más clara. Sí, Rusia, la gran perdedora de la intervención soviética a principios de los años ochenta del siglo pasado, resurge ahora como un actor no sólo principal, sino potencialmente definitorio ante la retirada de Estados Unidos. China: buscará los recursos naturales para seguir creciendo.

Cuarto y último punto: más de lo que ya ha sido Afganistán, un narco estado dispuesto a proveer, a saber mediante qué backchannels, cuanta amapola y opio demanden los mercados internacionales, entre los cuales, el mexicano, configurado como de exportación, está más que listo para operar, o bien ya operando.

Confesión al lector: yo prefiero escribir de las lecturas que me gustan, hasta de las que me disgustan por malitas. Pero en ocasiones resulta imposible no ponerse al teclado para atender asuntos que nos atañen a todos, salvo una docena o centenar de expertos en mirarse al ombliguito, o de escritores muy mexicanos obsesionados con lo mexicano y con cobrarse viejas y nuevas cuitas. Joyitas.

Cierro esto con algo de Octavio Paz y su libro Tiempo nublado (1983) que, para bien o mal, me llevó a elegir unos estudios profesionales y una práctica en la que he conocido gente excepcional, pero también lamentables scoundrels. Escribe Paz:

A lo largo del siglo pasado, los ingleses intentaron dominar a los afganos; aunque nunca lo lograron del todo, al menos impidieron que el país cayese en manos de la Rusia zarista. El único gobierno que tenía derecho a tener una misión diplomática en Cabul era la Gran Bretaña. Pero a los ingleses jamás se les ocurrió convertir a los afganos ni a la religión anglicana ni a la monarquía constitucional. En 1919 Afganistán recobró su independencia y se abrió al mundo. La liquidación del Imperio Británico, después de la segunda guerra mundial, precipitó los acontecimientos. Los norteamericanos sustituyeron a los ingleses. No pudieron contener por mucho tiempo a los rusos. Las circunstancias históricas habían cambiado radicalmente y, además, Washington defendió con desgana esa posición: nunca consideró a Afganistán como un punto estratégico clave. Grave error: desde Alejandro ese país ha sido la puerta del subcontinente indio.

Una embajadora de México, otro embajador del mismo país, desde su retiro, coinciden en mucho más que lo básico, en pleno siglo XXI, Martha Bárcena Coqui y Octavio Paz. Ojalá alguien en aquellas oficinas los lean. Lo dudo.

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Bruno Piché es ensayista y narrador. Ha sido editor, periodista, diplomático y promotor cultural. Realizó estudios en la Concordia University de Montreal, El Colegio de México, King’s College de Londres, Instituto de Investigaciones Sociales UNAM Es autor de los libros Robinson ante el abismo, Noviembre, El taller de no ficción, Los hechos y La mala costumbre de la esperanza. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte de México desde 2012. Su novela más reciente, 'La mala costumbre de la esperanza', (2018), apareció bajo el sello editorial de Literatura Random House. En 2015 publicó la novela 'Los hechos', acerca de la cual Juan Villoro escribió: “Bruno H. Piché entiende la historia del mundo como una diáspora: datos en fuga que al articularse conectan la vida pública con la esfera privada. Podemos escapar de nosotros mismos pero no de Los hechos, es decir, del flujo incontenible de la historia.”   Vivir en Comala City es un blog sin fronteras temáticas y en la que las sombras y presencias fantasmales remiten al escurridizo entrecruce entre los géneros literarios. En Comala todo es literatura y nada es lo que parece.

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