Una muerte irracional

0
399

 

Al principio del año 2013 acudimos a nuestro almacén de ideas y de palabras para intentar comprender y compartir nuestras reflexiones en torno a Guinea Ecuatorial. Queremos decir que de lo que dijimos en el pasado no quitamos ninguna coma, sobre todo en lo esencial. Y en realidad lo que es irracional no es la muerte, sino la manera en que se hacen las cosas en el país que hasta ahora se conoce como Guinea Ecuatorial. (Ya dijimos que no era república).

 

Francisco Masié fue el típico acomplejado al que le impresionó ver a los jefes coloniales llevados en poltronas. O ser recibidos en olor de multitud indígena, como si fueran salvadores. Cuando esto ocurría, en Guinea se aplicaba la teoría colonial, y racista, de que el negro no servía para nada, por lo que nadie se ofendía si se le sometía a aquella degradación. Luego hubo griterío en la ONU y a Macías se le entregó la silla que había codiciado y se instaló en ella con la intención de no bajarse jamás. Cuando se afianzó en ella ya era mayorcito Teodoro Obiang Nguema. Desde ahí se ve que nadie crece en el mal si no hay un cómplice.

 

Desde el principio a Macías le interesaba dar la impresión de que había vencido, como negroafricano, a los blancos colonialistas, incluso se pavoneó, haciendo el ridículo, de ello. Luego, como presidente, quiso demostrar a todos que podía tener un palacio, como lo tenían los gobernadores generales. Por esto mandó construir el palacio África. Es decir, fue el tipo de persona que se movió para los focos de otros, extranjeros y blancos sobre todo. En algún punto necesitaba su aprobación. Detrás de él había gente que creía tanto en él que no se atrevía a decirle que se bajara del burro nativo en que se había subido. Es esa gente que entiende que a un “jefe” no se le puede llevar la contraria.

 

Pero esta actitud servil no sólo descansa en este endiosamiento al que son tan devotos los presidentes africanos, sino a la posibilidad de sacar provecho económico, político y social de la situación. Y es que desde que Guinea tiene el nombre que tiene, todos los nativos que no tienen un puesto han sido objeto de abusos por parte de los que mandan. O sea, la política colonial, racista y esclavista, no cesó. Y el estado de las cosas continuó no solamente porque los que medraban a la sombra de Macías se cuidaron de protegerse, sino que eliminaron a todos lo que pudieron decirle que no iba bien, que estaba yendo en contra de la historia y de la ilegalidad. Recréense en la historia de maestros, médicos y abogados guineanos saliendo del país con lo puesto, u obligados a perforar el cráneo de sus compañeros y morir todos con el horror en los ojos. Eso ocurrió en Guinea.

 

¿Qué es lo que había detrás de aquella macabra historia? ¿Quiénes estaban detrás de ella? No eran analfabetos que no sabían lo que hacían. Ocurre que en los regímenes oscuros los que saben leer y escribir, y incluso que alcanzan a más , son los primeros interesados en mantener este estado, y no solamente porque se benefician de ello, sino porque les gustaría decir en el futuro, o en el abyecto presente en el que están, que hacían lo que se les denunciaba porque no tenían otra alternativa. Es decir, que con aquel régimen lo que hicieron era lo único que se podía hacer. Y para que esta verdad sea la única, se convierten en enemigos acérrimos de los que buscan otro camino y proponen la vuelta a la racionalidad. O sea, no siendo analfabetos como sus jefes, colaboran para que se creyera que la mayoría sí lo era y aquello no tenía otro remedio. Y así seguimos hasta hoy, enero de 2013.

 

En la Guinea actual el que manda, el general Obiang, tiene los mismos miedos y complejos que Masié y sigue sus pasos. Criticado por su nefasta gestión, intenta contentar a sus detractores o amigos extranjeros y hace justo al revés. No teniendo ni escuelas, ni hospitales ni agua en la capital, crea el complejo de Sipopo y otros palacios en los que no vivirá. Incluso saca de la manga Oyala, una ciudad en la que tampoco vivirá. Nunca se verá mayor irracionalidad. Y está rodeado de gente que ha crecido en la creencia de que el jefe siempre tiene razón, no se le puede llevar la contraria. Toda la infraestructura de la que se pavonea el régimen se erige para la satisfacción del extranjero, y no del nativo.

 

Y parece que les va tan bien a todos los que están a la sombra de esta irracionalidad, y de los racistas extranjeros, de países occidentales, que la aplauden, que la idea de la sucesión descansa en este camino lleno de yerros: Teodoro Nguema Obiang Mangué. Es el típico hombre del que piensan para presidente de un país complejo con el único aval de haber traído artistas extranjeros a Guinea y de haber repartido juguetes a unos niños. Sin entrar en detalles sobre la procedencia de los fondos, ¿ alguien encuentra lógico que en una sociedad como la guineana en que hay comunidades iguales a las paupérrimas de Haití el que postula para la magistratura suprema se destaque sólo en pagar millones a artistas foráneos para cantar en la miseria a los nativos?

 

¿Y alguien se ha dado cuenta, incluso, que la vía de su ascensión al poder es engatusar a los adolescentes, que son los que, aparentemente disfrutan de estos eventos, aunque la oficialidad cree que son “jóvenes”? Y es que en toda la familia de Obiang no hay nadie que sepa encontrar el modo de satisfacer las necesidades de los nativos adultos  de su comunidad.

 

¿Nuestro gran reto? ¿O uno de los retos grandes? Convencer a las personas formadas que están agazapas a la sombra de los miembros de la familia Obiang que tienen que llevarles la contraria, hacer que entren en razón. Y si no tienen arrestos para hacerlo, y no es fácil hacer que un dictador entre en razón, no atentar contra la vida de los que sí se atreven a exigir un poco de razón creyéndose beneficiarse de una situación que cualquier día se le puede estallar en la cabeza.

 

Nuestro objetivo personal en este año es dejar la constancia de que dijimos claro que es inhumano no apelar a la razón cuando los modos de desenvolvimiento de los que mandan son contrarios a ella, y con resultado de pérdida de vidas humanas.

 

Barcelona, 4 de enero de 2013

Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La carga, El desmayo de Judas, Nadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.