Una reflexión sobre la masa

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Existe un lugar común encerrado en la proposición «la masa obliga». Sin embargo, constantemente la evolución de la sociedad de masas nos ha demostrado lo certero de la afirmación. Es un acontecimiento enigmático, tal como lo definió Elias Canetti, ya que allí donde había personas inteligentes y razonables aparece un monstruo. Adición tras adición surge una turba autófaga que no piensa, ni reflexiona. Sólo arrastra y obliga hacia ninguna parte. En sus inicios puede estar dominada, pero enseguida se desboca. La multitud diversa pronto se transfigura en masa. La relación del individuo con la masa está llena de ambigüedades. Pero todos estamos tentados por el calor de la misma.

 

Aunque es díficil de explicarlo, la masa nos secuestra. Pertenecemos a ella y ella nos pertenece, no lo olvidemos. ¿Por qué? Quizá porque, como aseguró el húngaro Imre Kertész, el peligro que más acecha al hombre es la libertad. Es muy sencillo perderse entre la supuesta seguridad de la masa, algo que permite renunciar a hablar por uno mismo y nos iguala con los demás. Con todo, el nosotros es un falaz pronombre que la masa impone. En la actualidad está al alcance de un simple gesto, por ejemplo, presionar una tecla del ordenador.

 

Ahí reside la fuerza de este problema aparecido en el siglo XX, que también lo será del nuestro. Permitimos con frecuencia que la masa rompa los espejos. Pero, y aunque éstos sean monstruosos, los necesitamos. No somos conscientes del daño. Los espejos son los únicos que nos descubren nuestro propio rostro. Peter Sloterdijk denunció hace unos años que cualquier individuo tiene a la masa en su interior por lo que que habrá que tomar partido contra esa parte de nosotros. Y entonces la libertad podrá dejar de ser el mayor peligro del hombre. Quizá un ejemplo único lo ofrezca la obra del poeta judío Edmond Jabès, porque el extranjero es el único que espera y el susurro es el método más subversivo.

 

 

“Desde el fondo lejano del corredor el espejo nos espiaba.
Descubrimos (en las altas horas de la noche este descubrimiento es
inevitable) que los espejos tienen algo de monstruoso”

JORGE LUIS BORGES.

Joseba Louzao nació en Bilbao en 1983. Es doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco (UPV) y en la actualidad es profesor en el Centro Universitario Cardenal Cisneros (Universidad de Alcalá de Henares).
Está especializado en historia de las religiones y es autor del libro Soldados de la fe o amantes del progreso. Catolicismo y modernidad en Vizcaya (1890-1923) (Genueve Ediciones) y, como coordinador, de La restauración social católica en el primer franquismo, 1939-1953 (Publicaciones de la Universidad de Alcalá de Henares). Este blog será su particular maleta preparada, porque el pasado siempre es un país extraño.