Una taza de lágrimas y dos de mar

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A Salamanca pronto no le van a quedar ni lágrimas. Anda la ciudad sin periódico decano, sin caja ni obra social, sin Fundación Sánchez Ruipérez y ahora también sin Unión Deportiva Salamanca. Brille para ella la luz eterna. Pero la ciudad es poco de llorar. Al final habrá que agradecer a José de la Cavada que quiera recortarnos hasta el duelo. Y así me tomo la primera taza de café. Remuevo la segunda sentado a la mesa con Alexandre Nerium, el guía del museo de la pesca de Fisterra. No dejen de escuchar sus enseñanzas si se acercan por el fin del mundo. Marinero y poeta, agranda la pequeña muestra del Castillo de San Carlos igual que ensanchó sus pulmones cuando era navalleiro en apnea. Le echo azúcar al tercer café y lo saboreo a bordo del Joaquín Vieta, el barco de pasajeros más antiguo de Galicia. Podía estar desguazado, pero unos entusiastas de Noia lo restauraron con sus manos para el turismo. Si van por las Rías Baixas, sorban hasta la última gota de lo mucho que su tripulación tiene para contar.