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Mientras tantoUnas horas en Chicago (cortesía de NYU)

Unas horas en Chicago (cortesía de NYU)


En el tren L leyendo el libro de cuentos La visita de Mariana Graciano, publicado por Alliteration Press (Miami, 2024)

–No sé si esto que voy a decir le guste a los chicanos, pero a mí me parece que el centro de su ciudad es igual a Manhattan. Solo que con menos gente. Por ejemplo: esa calle de allí se parece a Park Avenue, pero sin Grand Central.

La Chata asintió. De todos modos a ella le había tocado dormir en un hotel cinco estrellas del Downtown, cortesía de NYU, y a mí me había tocado buscarme un Airbnb en una zona movidita de Chicago.

Mi barrio se llamaba Blues District. Había descubierto su nombre el sábado muy temprano caminando hacia la línea del metro. De los postes de luz colgaban unas siluetas de músicos (de metal, algo oxidadas) tocando algún instrumento: una trompeta, un saxo.  No vi a la gente sospechosa de la tarde anterior: hombres intercambiando pequeños paquetes de mano en mano, mirándome detrás de sus lentes oscuros mientras yo caminaba por su acera intentando pasar desapercibido.

Nada de aquello me hubiera parecido peligroso si es que El chileno no me hubiera dicho la noche antes, tras acabarnos una jarra de cerveza con La Chata y La veneciana en un bar del Downtown:

–¿Te vas a ir en la línea verde? Allí murió un estudiante hace unas semanas. Hubo un tiroteo y lo mató una bala perdida.

Sus palabras cancelaron toda la valentía y la lleca que yo creía haber acumulado cuando caminaba hacia la lavandería a la medianoche, por las veredas de Flatbush en Brooklyn. Y la de mis muchos años cruzando Fordham Road en el Bronx, a cualquier hora de la madrugada, camino a casa.

La voz del chileno me hizo recordar la mía cuando aconsejaba a los amigos neoyorquinos que querían viajar al Perú (para comer rico o para hacerse una cura de ayahuasca):

–Ninguna joya, ningún reloj. A un amigo le arrancharon un arito de oro falso y le destrozaron la oreja.

Había quedado con La Chata para tomar desayuno antes de irnos hacia la Universidad de Chicago, a la Feria del Libro. Al caminar por esas calles tan parecidas a las de Manhattan no me atemorizaron los tiroteos pero sí–un poco– los muchos desamparados que deambulaban en las afueras del Loop. Bajé de la estación por las escaleras normales en vez de las eléctricas y a los pocos peldaños ya estaba arrepentido. Dos desarrapados –con alguna droga circulando por sus venas, eso era evidente– se acercaron a pedirme dinero. Los dos tenían teléfono celular.

–En esta época será muy necesario para un homeless tener móvil ¿no?–dijo La Chata. Para que los llamen de algún servicio público, o de algún lugar donde les ofrezcan comida, digo yo.

–O para que otro homeless les avise cuando se acerca alguna víctima robable–dije yo,  orgulloso de mi suspicacia tercermundista.

El clima estaba bueno. Si te daba el sol encima era casi primaveral. De todos modos La Chata –que es friolenta– iba con dos vueltas de bufanda al cuello y con un enorme abrigo de falsa piel. Caminamos hacia donde parecía quedar el lago Michigan y por allí, al lado del Art Institute of Chicago, encontramos un restaurante medio ficho con las mesas afuera. Era perfecto para un café y unos huevos con papas mientras tomábamos el sol.

Ya dije que Chicago era casi lo mismo que Nueva York pero sin los turistas. Sentado en esa mesa, mirando hacia la calle, confirmé que más que los edificios lo que uno mira en Manhattan es a las personas: interesantes, ridículas, guapas, feas, intensas, cómicas. En Chicago no había gente. Por lo tanto no era tan divertido sentarse a mirar las veredas.

Me llegó un mensaje al Instagram comentando una foto de la Feria. Le dije a La Chata:

–Mira lo que dice Mercedes: «Los Chatos están chicagando».

Al poco rato apareció La veneciana, quejándose de su asesor de tesis y reclamando que a Italia no volvía ni aunque le pagaran.

Así se fue una hora y nos teminamos el café. Entonces La Chata dijo:

–Vámonos para la Feria ¿No? Un segundo que pido el Uber. Y ya saben que esto lo invita NYU.

Chicago Blues District, mayo de 2024. Foto del autor.

 

 

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