
Lo más habitual es que las familias se acuerden de los niños cuando truenan. Es decir, cuando los tienen por casa (casi) todo el día durante varios días, llegando un momento que no saben qué hacer con ellos. Entonces hay que buscar un plan para sacarlos. Y si hace frío y/o amenaza tormenta, un plan de interior.
Este año, los que vivan o estén de turismo navideño en Madrid, tienen suerte porque pueden ofrecer un saludable plan de interior. Saludable en términos culturales. El Real Teatro Retiro, la sede que el Teatro Real tiene en el barrio de Pacífico para su programa educativo, es decir, para teatro lírico y danza infantil, juvenil, escolar y para toda la familia, ofrece Va de Bach de Aracaladanza hasta el cuatro de enero de 2026 con funciones de mañana y tarde.
Toda aquella persona que ha tenido pequeños a su alrededor y se ha preocupado porque vean y escuchen cosas buenas, conocen de sobra a Aracaladanza. Una compañía valenciana que se dedica a hacer y plantear espectáculos de danza para todos los públicos con mucha calidad. Lo que siempre se ha traducido en premios, y que entre sus espectadores se encuentren adultos no acompañados, es decir, que no van con niños.
El que nos ocupa, Va de Bach, no lo es menos. Estuvo nominado entre los finalistas en los Premios Max 2025 en la categoría de Mejor Espectáculo para público infantil, juvenil o familiar. Y se llevó en los Premios Talía 2025 de la Academia de las Artes Escénicas el premio a la mejor escenografía hecho por una profesional habitual de grandes e importantes producciones, Elisa Sanz.
Es verdad que la escenografía y los elementos escénicos impresionan. Empezando por esa mano gigante que aparece en escena y se mueve por ella. O esa especie de candelight inicial, es decir, de escenario lleno e iluminado a la luz de las velas, con el que se acompañan algunos conciertos. Sin olvidar el telón rojo que todo teatro de ópera y danza de tronío tiene.
Digamos que el registro clásico se mantiene, a la vez que se introducen elementos innovadores. Como que la persona que sale a dirigir sea una mujer. Como ese gorila gigantesco que aparece en escena para bailar, con el acierto, por si alguien se asusta, de mostrar que es un disfraz. Como el uso de rollos de papel de water, de una forma poética para mostrar la inacabable y continua capacidad de componer de Bach, más por necesidad económica que artística. Innovación que también está en las notas de vestuario y peluquería. Donde la referencia al barroco está muy presente.
De tal manera que la chavalería, de una forma lúdica, comienzan a adquirir un conocimiento, una cultura, que en este momento puede que no le digan nada, excepto como elementos de juego y, por supuesto, de baile. Porque el baile es un elemento que sirve para jugar. Primero con la música primero, en este espectáculo la música de Bach, incluidas las variaciones Goldberg, y con la coreografía y las imágenes que se pueden crear con ella después.
Un juego que mantiene a los más pequeños tan atentos como los mayores a los que acompañan. Y que les retan a pensar. A plantearse cosas, que los educados a ver mucha tele en familia en casa y comentarla en voz alta, plantearán sus preguntas o dudas o curiosidad en vivo y en directo a sus adultos. Aunque también los hay que esperan al final y, descolocados, se quejan de que al no haber palabras no han entendido nada dando pie al inicio de una conversación con esa persona adulta que le acompaña.
Esto habla de lo en serio que se toma esta compañía el trabajo que realiza. Del planteamiento que hacen de la obra. Alejándose lo más posible del lugar común ¿alguien pudo imaginar un número en una cocina jugando con platos y tazas escuchando la música de Bach? Pero sin olvidarse que el teatro depende del público y, en su caso, de un público que está formándose, creciendo, adquiriendo referencias, nutriéndose, para crecer culturalmente fuerte y sano.
Un público que aprecia el juego, y Aracaladanza juega en escena con la misma aparente ingenuidad e incoherencia que lo hacen los chavales. Incluida esa rivalidad por los juguetes y por la atención de los amigos o ese niño o esa niña que le atrae. Pequeños espectadores que aprecian el humor, por lo que esta compañía trufa sus espectáculos de pequeños chistes, pequeños equívocos e imágenes al estilo de tira cómica.
Mucho ¿verdad? Pues todo esto lo hacen en solo una hora. Por su capacidad de concretar y concentrar. Saber dar intensidad, sin resultar cansino ni intenso o pedantes. Incluso en esa canción que dedican a loar y cantar la biografía y las excelencias de un Bach que se dejó de escuchar, y del que hubo que volver a cimentar su fama desde cero.
¿Servirá este espectáculo para cimentar esa fama a futuro? Eso lo tendrá que responder el futuro. Lo que si que es cierto, es que al menos da la oportunidad de que escuchen a Bach una vez en su vida y podrán desarrollar una memoria auditiva de una música viva, en presente, aunque sea barroca, se compusiese en otra época. Y que lejos de ser aburrida, para estarse quieto y solemne, la puede llenar de movimiento, de juego, de risas y de canciones.
Al menos, este espectáculo les da esa oportunidad que la mayor parte del entretenimiento les niega. Pues tanto en la tele como en la cartelera lo habitual son los productos culturalmente ultraprocesados a los que se recurre por pereza, por comodidad, por falta de formación y conocimiento de los adultos que les rodean y, también, por falta o ausencia de productos culturalmente sanos en las carteleras.
Así que hay que aprovechar que está Va de Bach en Madrid y darles de comer un alimento culturalmente saludable. Un alimento que no solo quite el hambre, sacie, su apetito intelectual, sino que lo despierte, y que haga que pida más de este tipo de alimentos. Proporcionarle nutrientes que les permitan crecer fuertes y sanos intelectual y emocionalmente.





