Vecinos de cine

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Hace ocho meses, los vecinos de Majadahonda se quedaron sin sus salas de cine independiente en el centro del casco urbano: el Renoir echaba el cierre después de 34 años en activo. Sin embargo, desde hace  tres semanas sus cuatro salas vuelven a proyectar películas de estreno gracias a la lucha participativa de los vecinos que fundaron y forman parte de la Asociación Cines Zoco Majadahonda. Éstos pueden presumir ahora de tener su propio cine, "Cines Zoco Majadahonda", en el que eligen el tipo de películas que desean ver y toman las decisiones de su gestión.

  
Los vecinos de la localidad madrileña de Majadahonda han conseguido reabrir los desaparecidos cines Renoir del centro comercial del Zoco bajo el nombre "Cines Zoco Majadahonda"/ María Martín 
   Los vecinos de la localidad madrileña de Majadahonda han conseguido reabrir los desaparecidos cines Renoir del centro comercial del Zoco bajo el nombre «Cines Zoco Majadahonda»/ María Martín
 
María Martín @m_martinflores-. Hace ocho meses, los vecinos de Majadahonda se quedaron sin sus salas de cine independiente en el centro del casco urbano: el Renoir echaba el cierre después de 34 años en activo. Sin embargo, desde hace  tres semanas sus cuatro salas vuelven a proyectar películas de estreno gracias a la lucha participativa de los vecinos que fundaron y forman parte de la Asociación Cines Zoco Majadahonda. Éstos pueden presumir ahora de tener su propio cine, «Cines Zoco Majadahonda», en el que eligen el tipo de películas que desean ver y toman las decisiones de su gestión.

 

Es la hora punta de un jueves lluvioso y el centro comercial del Zoco registra una larga cola de personas que esperan para entrar a ver una película. “Todo el mundo nos da la enhorabuena y mucha gente se sorprende de volver a ver los cines abiertos”, comenta Susana Ugena, sentada ahora de nuevo en la taquilla frente a la que llevaba más de treinta años, toda una vida. Renoir Majadahonda se hundió con el cierre colectivo de los cines pertenecientes a la distribuidora Altafilms por decisión de su presidente, Enrique González Macho, debido a las pérdidas y el descenso de los espectadores en las salas. De lo que una vez fue el imperio Renoir que aglutinaba 200 salas por toda España, en 2013 sólo han sobrevivido las tres principales exhibidoras en Madrid (Renoir Retiro, Princesa y Serrano) y la sala Renoir Floridablanca de Barcelona. Así, los siete empleados de esta cadena en la localidad madrileña recibieron un expediente de regulación de empleo sin otra posibilidad. La suerte estaba echada. O al menos era lo que todos pensaban.

 

Meses antes del infortunio, los trabajadores del cine informaron al público del inminente cierre. A tres de sus más fieles espectadoras, María Dolores Ramírez, Carmen Pitillas y Delia Mateos se les metió entonces en la cabeza hacer algo por salvar los cines. “Pedimos cita para hablar con González Macho y proponerle patrocinar su cine. Simultáneamente se empezó con una recogida de firmas para demostrar que los vecinos de Majadahonda no queríamos que desapareciese el cine llegamos a conseguir 3.000, explica María Dolores antes de entrar a la sesión de las ocho.
 
No pudo ser. El 17 de abril los Cines Renoir Majadahonda echaron el cierre, pero no para siempre. De esta lucha colectiva y después de pedir, sin éxito, apoyo al Ayuntamiento local para la reapertura de los cines, surgió en el mes de junio la Asociación Cines Zoco Majadahonda, compuesta por veinte vecinos de diferentes edades, pero con una característica común: su afición por el cine. Son cinéfilos que de manera voluntaria se unieron para crear un proyecto asociativo que intentara salvar los cines con sus ahorros y esfuerzos, parte de ellos ligados profesionalmente además al mundo de la producción cinematográfica. 
 
Los Cines Zoco Majadahonda constituyen una de las señas culturales del municipio donde se ofrecía una programación inédita con películas de autor y europeas. “Como vecino de Majadahonda quería tener un cine al lado de casa para no tener que irme hasta Madrid para ver una película. Además soy muy aficionado y he trabajado en un estudio de cine durante cuatro años”, comenta el presidente de la Asociación, Gabriel Rodríguez.

 

Unidos por una causa común

 
Cada semana se reunían para compartir ideas y reflexiones para averiguar la manera de volver a reabrir las salas. Ideas que se convirtieron en realidad cuando conocieron el éxito de la Asociación Cineciutat de Mallorca, la primera Asociación de vecinos que ha conseguido reabrir un cine de barrio. “Su apoyo fue determinante. Elaboramos un modelo de negocio y vimos que era viable”, comenta Gabriel.
 
 
 Desde la reapertura de los cines, Majadahonda vuelve a recobrar una de sus señas culturales en pleno centro urbano del municipio y sus vecinos pueden volver a disfrutar del mejor cine europeo y de autor alejado de las grandes superficies/ M. Martín
 
Desde la reapertura de los cines, Majadahonda vuelve a recobrar una de sus señas culturales en pleno centro urbano del municipio y sus vecinos pueden volver a disfrutar del mejor cine europeo y de autor alejado de las grandes superficies/ M. Martín
 
Sólo necesitaban el apoyo de 1.300 socios que aportaran 100 euros anuales que junto a los posibles ingresos en taquilla podrían hacer auto sostenible el alquiler de las salas, dar un sueldo a los trabajadores y proyectar películas. En los primeros meses de verano consiguieron 400 socios. Sin embargo, sacar adelante un proyecto de tal envergadura ha requerido constancia, voluntad y mucho esfuerzo. Charlas informativas a pie de calle, proyecciones de películas en lugares públicos y sobretodo el boca-oreja han sido las claves para llegar a los 1.130 socios que han permitido reabrir de nuevo los cines del barrio. “Con este número de socios hemos conseguido reabrir los cines y un contrato de alquiler de las salas por tres años, pero bajo condición de mantenerlos abiertos como mínimo un año y para ello necesitaremos llegar a los 1.300 socios a lo largo del 2014”, explica el presidente de la Asociación.
 
Los cines tienen siete trabajadores imprescindibles en activo que cubren los puestos de taquilla, producción, bar, limpieza y técnicos operarios. Susana, de nuevo trabajando tras ocho meses de paro, también forma parte de la aventura. “La Asociación me ha enseñado cómo conseguir sacar un proyecto adelante y a enfrentarme a retos que nunca me hubiera imaginado, como el hablar ante un medio de comunicación”, explica la empleada, quien desde que se lanzó la iniciativa no ha parado de conceder entrevistas a los medios más importantes del país. El resto de puestos se cubren de manera voluntaria por los socios fundadores divididos en comisiones de trabajo, como la económica, la institucional o la de comunicación, y empleando su tiempo de ocio para colaborar en el cine.

 

Cines con seña de identidad

 

“Aquí me siento como en casa”, asegura María Dolores al entrar de nuevo en el hall que precede a las butacas. Ahora, 35 años después de su primera inauguración en 1979, sus salas albergan películas en versión original, estrenos y ciclos de reposiciones, tanto para los socios como para los vecinos de la zona. Además los socios tienen el derecho, como propietarios que son, de elegir la programación, asistir al cine por 3,5 euros, ser invitados de lujo en preestrenos y acudir aciclos de cine con directores españoles como Alex de la Iglesia, Gracia Querejeta o David Trueba, quien presentó su película Vivir es fácil con los ojos cerrados el mismo día de la reapertura. También cuentan con el apoyo de socios relacionados con el mundo del cine como Cayetana Guillén Cuervo.
 
Los más pequeños también tienen una sala reservada con proyecciones de películas infantiles de estreno y la Asociación prevé ceder las salas a los colegios públicos del municipio para proyectar una programación educativa durante el año escolar así como para actividades lúdicas orientadas a los más pequeños de la casa.
 
La semana pasada el director Santiago Zanou presentó su Alacrán enamorado a un público exigente, pero lleno de entusiasmo. “Al cerrar un cine se pierde cultura y al final quienes pierden con el cierre son las personas. Este tipo de cines proyectaban las películas que me han convertido en director de cine como Código desconocido de Michael Haneke, oLa eternidad y un día de Theodoros Angelopoulos. El cine pertenece a la gente, y estos vecinos han podido recuperar el espacio cultural que le pertenece, se han superado a ellos mismos. Es una asociación maravillosa que me ha tocado mi pequeño corazoncito”, confiesa el director de cine antes de entrar al coloquio con el público.

 

¿El reto a partir de ahora? Conseguir llegar a los 1.300 socios y permitir que el proyecto sea viable. “Hace unos meses pasábamos por aquí y veíamos las carteleras vacías y nos preguntábamos si alguna vez podríamos verlo abierto”, comenta Gabriel. Han alcanzado la meta. Ahora, tan sólo necesitan llenar una cuarta parte del aforo en cada proyección y conseguir 200 socios más para sostener la fábrica de sueños. “Lo conseguiremos, claro que los conseguiremos”, afirma sin titubear Susana. “Ya hay más de 1.100 personas que tienen, literalmente, un cine y eso llena un hueco en su corazón”, asegura Jaime Martínez, un socio voluntario más, quien ayuda a Susana a echar el cierre, un día más, tras la taquilla.