Ver para creer

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Ahora el engendro de Frankenstein está en vías de desmembrarse, que es un volver a cuando ni siquiera se había montado el quirófano para crear al monstruo, o casi.

 

Bankia es un nombre como de bestia mitológica, o como de banco en femenino, o en ruso, o en italiano, y si se apura hasta en chino. Todo viene de una caja, o de muchas cajas, dicen que controladas por unos, pero donde se abrevaban todos como una recua, de liberales a sindicales. Ahora ese engendro de Frankenstein está en vías de desmembrarse, que es un volver a cuando ni siquiera se había montado el quirófano para crear al monstruo, o casi. Antes en ‘¡Hola!’ (no se sabe si todavía hoy), existía una sección titulada: ‘Ver para creer’, donde aparecían fotografías como la de un adolescente que se casaba con una anciana, o como la de una gata que cuidaba de unos pollitos abandonados, o como la de un tipo tatuado hasta en las plantas de los pies, o incluso la de una mujer con los pechos de silicona del tamaño de una pelota de playa. En este ambiente tan exótico se imagina una reunión de aquel consejo y ni en broma se quiere saber de sus intimidades, donde al final se tendrían que escuchar frases escabrosas del estilo de la de «amiguito del alma«. Uno está más por la restitución que por el circo. Dice Cayo Lara que hay que remontarse al pasado (como si en él fuera una novedad), y tanto después de su remake de querella, pero a ver dónde empieza aquel y a cuántos y a quiénes alcanza. El líder comunista dice que a todos, incluidos los propios como el tal Moral Santín (magnífico nombre para un imputado por delitos, estafas y otras glorias); y en el arrebato se atreve a hablar hasta del FROB, otro monstruo que suena como a sapo, como frog/rana, pero de croar grave y cachazudo  como un rey africano o como el mismísimo Jabba el Hutt. Uno imagina Bankia con el ambiente de su palacio de Tatooine, hasta con la princesa Leia encadenada, pero eso ya pasó. Entre todos aquellos doctores visionarios, extraterrestres de mil aspectos y planetas, han ventilado la casa y han decidido ponerle unos andamios y de inquilino, mientras se tocan todas las posibilidades de reforma, a un Goirigolzarri al que se quiso presentar primero como un gestor y después como un mago, esto último sin demasiado éxito, por mucho que tenga pinta de nuevo profesor de Hogwarts.