Verba volant

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Bien vivos, vociferantes, trazan los vientos rutas celestes, rapto del mundo, algo más que un cambio de tiempo: Volarán con los días las veletas, un giro, un amanecer, tras otro. Cuando los bosques se alfombren de oro viejo, caídas por su peso las hojas de un saber sin pulso, el árbol de las palabras será un brote infantil que ríe por todo, pletórico en la plaza de los juegos, cuarto creciente, oralidad primera. No ocupa lugar el saber que llega y se va con las canciones, evanescencia de un aprender sin finalidad. No hay vendaval que robe una semilla a las entrañas de la tierra o deje a los hombres sin cabeza, pues bien sabe la mano de Dios a quien confía los tesoros. Luego sopla, Señor, barre de la lengua los posesivos y deja libre, instrumental, la humana razón, colección de verdades de oferta, hojarasca de otoño.