Viaje a un final

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Escribo en el café donde Unamuno, en Hendaya, hace casi 100 años, desde aquí escucharía las campanas de Fuenterrabía, al otro lado, el río Bidasoa. Vivió en la frontera durante cinco años, vivía en la habitación de un hotel muy cerca del puente que cruza. Exiliado voluntario, contrario a la dictadura de Primo de Rivera. Antes había estado en París, pero él quería estar, con los ojos al menos, en España.

Imagino a M. de Unamuno aquí, en la playa, él hace surf y lleva un traje de neopreno.

Una garza voló, patas de sombrilla clavada.

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Cañón apunta a Fuenterrabía y su iglesia a las tres de la tarde

A la izquierda empieza la palabra Francia, bandera, historia, idioma

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Voy a los puentes que unen con España. Uno es para los trenes, otro tiene controles de la policía francesa, otro está cerrado con una doble valla en la parte francesa. Pregunto al policía francés y me dice que es por la inmigración clandestina.

Cruzo al otro lado de la valla de Hendaya por el puente tranquilo, la policía controla poco, saluda amablemente y retiene a un hombre. Leo que en el puente bloqueado la Gestapo entregó a Lluis Companys a la policía franquista en 1940, luego fue fusilado en Barcelona. Unos chavales juegan a la pelota y la pelota podría caerse al río o por encima, otros pescan.

Al volver la policía de Francia me pide la identificación nacional, pertenecer a un Estado, todo en orden.

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Camino hacia el otro punto fronterizo a lo largo del río, veo la isla de los Faisanes en el centro, pequeña isla de soberanía compartida entre los dos países, seis meses cada Estado.

Regalar la tierra a otra isla o venderla por el precio de un altramuz, medio año para República Dominicana y medio año para Haití, con el objetivo de conservar ambos idiomas.

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Machado murió cerca de la otra frontera con Francia, también W. Benjamin.

Unamuno volvió con el cambio político.

En la iglesia de Hendaya hay una tabla de surf enaltecida junto a las cruces, también un recordatorio del cura que murió en el campo de concentración de Dachau.

En la iglesia de Hondarribia hay una inscripción lamentando una guerra que no debió hacerse y pidiendo oraciones, también velas de fuego.

Hay un barquito que va a Fuenterrabía desde aquí, pero están prohibidas las bicis eléctricas. Quizás para no electrocutar al mar.

Recuerdo el barco de Ayamonte, Guadiana.

El olor del río al final es similar.

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En la otra dirección

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