Viaje al metro de Oporto

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Una revista de viajes me encargó una guía de Oporto.

Acepté.

Tenía que recorrer la ciudad, indicar los lugares más destacables. Dónde comer, tomar un café, pastel de nata, bacalhau à Brás. Qué amplios miradores visitar. Los mejores azulejos mouriscos de la ciudad continental del norte.

Etc.

Qué no perderse en la ciudad de Oporto.

Pero al llegar cogí el metro de Oporto y viaje por él. Nunca había visto un conjunto metropolitano tan elegante, bello, equilibrado. Quise seguir. Recorrí todas las líneas, bajé en muchos andenes para volver en dirección contraria, descubrir otros trazados.

Pregunté por el centro de las vías a una viajera.

Bajé del tren.

Una inscripción en el suelo informaba.

Obra realizada por el arquitecto Eduardo Soto de Moura. 

Pero cuando volví a casa la revista de viajes me comunicó que no había cumplido, tampoco apoyarían mi posible y futura guía de Lisboa.

Defraudé.

Yo, ya al final, en un intento de continuar, les propuse algo.

Quizás podría hacer una buena guía (esta vez sí, fiel a lo exigido) da ilha do Faial.


Más Porto

menos Oporto


Con toda su imponente grandeza y el mérito arquitectónico del palacio de Carlos V, nos pareció un arrogante intruso, y pasando por él con un sentimiento casi de desprecio, llamamos en el portal musulmán.

Cuentos de la Alhambra, W. Irving

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