Victoria Finlay y el color

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De todos los atributos que el cerebro inventa para describir la realidad, el color es uno de los más eficaces. Pero aunque el ojo sea de ciencias, el cerebro es de letras, así que toda esa eficacia anda siempre envuelta en la nebulosa de las interpretaciones culturales. Si a esto le añadimos la elegante paradoja de que el color que vive en el interior de un objeto es precisamente el contrario del que exhibe —algo que vemos blanco tiene el corazón negro—, es fácil convenir que nos hallamos ante un mundo complejo y fascinante como pocos.

El tema del color atraviesa todas las capas de la existencia, todas las realidades que construimos y habitamos, todas las herramientas que usamos para comprendernos y comprender lo que nos rodea. Sobre él se ha escrito mucho y se seguirá escribiendo, desde todas las miradas: científica, psicológica, artística, tecnológica, antropológica, histórica, pedagógica… Y lo mejor es que en toda esa extensa bibliografía hay varios libros extraordinarios. Uno de ellos es Color. Historia de la paleta cromática, de Victoria Finlay, que Capitán Swing acaba de publicar en castellano, con una impecable traducción de Eva Acosta.

El libro, ameno y sabio, narrado en primera persona, es una deslumbrante crónica de 450 páginas que cuenta las aventuras —a veces quijotescas— de la autora buscando por el mundo el origen de los distintos pigmentos y tintes naturales que históricamente han ido dando forma al color. Finlay escribe estupendamente, entreverando su narración con anécdotas llenas de humor —maravillosa la escena en la que tiene que explicar con gestos, a unos atónitos lugareños de la India profunda, que busca un antiguo color amarillo indio hecho con orina de vacas que comen hojas de mango. La obra está llena de multitud de referencias tan luminosas como sólidas —además, la bibliografía es espléndida—, deteniéndose de forma muy entretenida en las implicaciones culturales, sociales, económicas y políticas de cada color a lo largo de la historia. Y lo hace con una enorme honestidad, sin ocultar sus decepciones, fracasos y algunos descubrimientos poco gratos. Y es que el mundo de los pigmentos y los tintes naturales ha estado muy a menudo vinculado a explotación, colonialismo, discriminación, guerras, luchas de poder y muerte.

Finlay ha estructurado su libro en un prólogo, una introducción, diez capítulos correspondientes cada uno a un color, y un exquisito epílogo. Por cierto, ¿saben de qué color es el universo? Turquesa pálido.

 

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