Vida (Keith Richards) y la influencia de los profesores de ciencias en la música del siglo XX

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Cuando por fin me pude quitar la preocupación por las palizas de la cabeza, mis notas mejoraron mucho en el Dartford Tech, hasta me ganaba un cumplido de vez en cuando. Doris guardó algunas de mis cartillas de notas: ‘geografía, 59%, progresa adecuadamente; historia, 63%, resultado satisfactorio’. Pero el profesor había puesto una marca que abarcaba todas las asignaturas de ciencias, y el panorama no podía ser más desolador: para todas y cada una de ellas había escrito el mismo comentario descorazonador:’ no avanza’; no avanzaba ni en matemáticas, ni en física ni en química; en cuanto al dibujo técnico, ahí seguía aún ‘muy lejos de alcanzar el mínimo indispensable’. Las notas de ciencias eran un relato abreviado de la gran traición de la que fui víctima y de cómo pasé de ser un alumno relativamente aplicado a convertirme en uno de los terroristas de la escuela, en un delincuente dominado por una intensa y duradera furia dirigida contra la autoridad

Imaginen ustedes que este profesor de ciencias hubiera sido demasiado bueno y lo hubiera motivado en exceso haciendo creer al pobre Keith que las ciencias tienen futuro, o que hubiera sido compasivo con él y le hubiera aprobado. Gracias al famoso fracaso escolar, al que los políticos ven como el gran enemigo de la educación, pudo forjarse una gran carrera de músico. A Keith lo largaron de este colegio a una escuela de arte donde empezó a foguearse con la guitarra. Algún día se hará justicia con  todos los malos profesores que ayudaron a decidir y apuntalar vocaciones.

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