Viento del desierto

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La artista israelí Noa Lidor llamó la atención, y no solo del público, en JustMad, la feria que el año pasado le dobló el brazo a Arco. Recibió el mejor premio (de la feria y el Museo ABC de Dibujo e Ilustración) que puede recibir alguien que está buscando: producirle una exposición. Tomás, el incrédulo está llena de invitaciones a leer y a escuchar, a ver no solo con los ojos que todo lo acaparan. Una de las piezas más evocadoras –“He oído a las sirenas cantar”- es un eco de la que en el suelo de la galería JustMad nos sedujo: un fragmento del poema “La canción de amor de J. Alfred Prufrock”, de T. S. Eliot, escrita en Braille, con letras que son puñaditos de sal sobre una mesa: una de esas obras que si se leen como leen los ciegos se borra a medida que se lee y se queda solo en la memoria de la mano. O, como dice el museo: “dibujar con sal”. Otra es un sofá-cama con campanas invertidas, incrustadas en el cuerpo donde nos recostamos, dormimos, saltamos, hacemos el amor, lo que sea: campanas mudas. La gran salablanca de un museo lleno de secretos acoge acuarelas iluminadas con mantelitos hechos a bolígrafo o rotulador (los materiales humildes son una constante de esta artista nacida en 1977 que no oculta sus profundas convicciones religiosas), pero también un carro de combate a escala, hecha como de puntos que reseguir, como los pasatiempos que más nos gustaban de niños, salvo que en este caso los puntos son dedales incrustados en la pared, es decir, inútiles para lo que fueron concebidos, para coser sin que te pinches, es decir, inútiles para coser la paz. Viento del desierto. Una exposición llena de preguntas silenciosas, de respuestas susurradas.

 

Cuándo: Hasta el 18 de marzo

Dónde: Museo ABC. Centro de Arte, dibujo e ilustración. Madrid