vila do Corvo

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Hay escritores.

El escritor observa al que duerme y ronca porque el escritor no puede dormir debido al ruido y debido a ello observa al que ronca desde la oscuridad entreabierta del ojo, y debido a que no logra conciliar el sueño ni cerrar los ojos en toda la noche al final decide hacer algo y escribir sobre el que ronca ahí, allí, aquí. No descansa, prefiere la noche en vela y luz. El despierto está a punto de escribir sobre el tumbado y ausente. Los ronquidos del otro activan al escritor. El escritor, de esta forma, saca un papel o una máquina y empieza, y luego publica si lo considera oportuno. Y de esta forma otros (al menos dos, por lo menos dos) pueden leer cómo es el tiempo del que duerme plácidamente y despierta sin haberse enterado de tanto trasiego de manos y ojos.

Algunos escritores añaden añadidos inventados a lo observado porque son imaginativos y azules como el color. 

Posteriormente, anteriormente o simultáneamente, aparece la cámara de grabación automática (es genial, es). Este avance técnico (el medio es el mensaje, es) permite al escritor, ya formado en tanta observancia escucha e ir y venir de dedos, grabarse a sí mismo mientras duerme, porque ahora puede gracias a los avances del mundo exterior y querido. El escritor necesita mucho silencio para dormir, y un lugar, y una cama cómoda propia e almohada. Duerme, tiene casa e incluso puertas. Al día siguiente ve en la pantalla cómo duerme él mismo y escribe sobre ello, y publica si es oportuno; elude si ronca, no quiere molestar a nadie; y otros (al menos tres, por lo menos tres) pueden saber cómo duerme el escritor e incluso leer algún añadido de creación propia.

Duda entre la pantalla o el espacio en blanco, duda que duda y abre un grifo para beber agua u otros. 

O ojo o ojearse. 

Es interesante señalar que existe también un estilo de escritor que finge roncar en habitaciones de doce o catorce literas. Finge que ronca y observa qué ocurre a su alrededor. Esta línea de escritor se da cuenta pronto, antes de empezar la primera novela o página, de que no ocurre nada en su entorno porque los que van a dormir tienen claro que necesitan dormir y en pocos segundos lo logran sin problemas y caen allí o donde sea, ahí.

Recuerdo yo también a aquel escritor que una vez soñaba con saber qué pensarían (o escribirían) de él los que roncan, y lo intentaba, y los despertaba en medio de su propio ruido, y llegaba el silencio un solo y único segundo, y preguntaba en voz baja porque aguardaba una respuestas, pero ellos se enfadaban con él en voz alta y ante tanta pregunta y interponían las almohadas, y él se entristecía, y escribía sobre esta pena mientras se alejaba de la habitación y buscaba un lugar donde poder dormir o continuar.

Porque buscaba un puerto. 

Tender escritura. 

Tumbado imaginaba a un escritor, reciente y labio.

O hay.

*

Corvo, la isla más remota de las Azores.

Montevideo, E. Vila-Matas

–¿Has estado, estuviste?

–No.

–Pero existe.

–Sí.

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