Villoro recuerda a Bolaño

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La universidad de Princeton queda a dos horas de tren de Nueva York. Se llega en un tren malísimo, cuya falta de claridad en las horas de llegadas y salidas (problemas con los rieles, cortocircuitos, fallas en el sistema de seguridad) los neoyorquinos se la atribuyen al sistema que lo gobierna, pues si bien el tren parte del centro de Manhattan, está regido por el estado de Nueva Jersey.

 

Allá iba yo a Princeton el año 2011, venciendo al desastre de los trenes dos veces por semana, para que en una clase magistral Juan Villoro me conversara sobre una de las pequeñas obras maestras de la literatura latinoamericana: Estrella distante de Roberto Bolaño.

 

Después de una de aquellas clases, en esos derroches de generosidad que lo han metido en constantes problemas pero que no puede evitar, Villoro me invitó a almorzar. No recuerdo mucho del almuerzo, pero sí muy bien lo que me dijo al salir, cuando caminábamos hacia su despacho: «yo soy uno de los personajes de Los detectives salvajes«.

 

Claro, no es ni Ulises Lima, ni Juan García Madero. Tampoco una lejana inspiración para alguna de las hermanitas Font. Villoro es un personaje secundario, uno de los amigos de la universidad, parado por allí en alguna página. Se habían conocido cuando Bolaño participó en un concurso, sacó tercer puesto con un poema y Villoro sacó segundo puesto con un cuento. Se hicieron amigos.

 

Este año, México es el invitado de honor en la BookExpo America (BEA 2013), una feria que reúne en Nueva York a las empresas vinculadas con el negocio de las publicaciones. El gobierno de México –cuyo presidente ya todos sabemos que no lee– hizo una aparición de emergencia, casi por cumplir. En otro derroche de generosidad, Juan Villoro se presentó para salvar del desastre a la delegación mexicana, con una conferencia memorable, en inglés, intentando explicar, desde su cercanía con el escritor chileno, el curioso fenómeno que convirtió a un novelista marginal y antisistema, en un éxito en los Estados Unidos.

 

La conferencia, en el laberinto de la feria, empezaba a las 9:30 de la mañana. Villoro empezó por recordarnos que aquella era, por lo general, la hora en que Bolaño se iba a dormir.

 

Apelando muchas veces a la anécdota, Villoro recordó la afición de Bolaño por dar la contraria (y su magnífica respuesta cuando una amiga lo increpara por contradecir a todo el mundo: «¡Yo nunca he contradicho a nadie!»). También su manera particular de honrar su amistad con sus compañeros escritores, molestándolos cuando se les subían los humos, recordándoles los riesgos de la vanidad en el oficio literario («Roberto was a real pain in the ass»).

 

Villoro lo perdió de vista cuando Bolaño emigró a Cataluña. Unos años después, tras escribir un obituario sobre el real visceralista Mario Santiago Papasquiaro (el poeta que inspiraría al Ulises Lima) Villoro recibió una llamada de larga distancia. Su amigo quería saber más detalles sobre los último días de Papasquiaro. Ya había comenzado a escribir la novela que lo haría famoso. La conversación telefónica duró varias horas «Como yo era un mexicano aislado de la modernidad –dice Villoro–,  un ignorante de las tarjetas de descuento que permitían llamar desde Europa por muy poco dinero, pensé que Roberto se estaba gastando una fortuna y se lo dije.» Bolaño no quiso esclarecer el asunto. «Tengo muchísimo dinero» mintió Bolaño: así empezaba a fabricar el mito de su aventura española.

 

Contra lo que dice la leyenda «Roberto no quiso sacrificar su vida por su obra. Él siempre fue un sobreviviente». Sin embargo, su muerte a los 50 años contribuyó al mito que lo ha convertido en el único fenómeno literario latinoamericano en los Estados Unidos. Uno entra a cualquier librería de Newyópolis y no es extraño ver en el estante más prominente un libro recién traducido del escritor chileno. Ni qué decir de su novela «inspirada en esos años de excesos de juventud en México –nos dice Villoro– que Bolaño recordaba con cariño, pero cuya mayor virtud para nosotros, sus amigos, era que ya había quedado atrás hacía mucho tiempo».

 

Villoro cierra su conferencia: «Ahora se han hecho en los Estados Unidos todo tipo de adaptaciones basadas en los personajes de  Los detectives salvajes:  The Savage Detectives para el teatro, The Savage Detectives para niños. Y muy pronto: The Savage Detectives On Ice «.