Violencia y pasividad en el Atlántico norte

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¿Arde el mundo y tocamos la balalaika?

 

Nos, gran escritor de las tierras guineanas, íbamos a escribir sobre cómo todo el mundo poderoso se calla mientras el mundo está a punto de estallar. Sin hacer juegos de palabras, íbamos a decir que la ONU entera está callada mientras la impunidad de los que mandan se hace global; y también íbamos a quedar pendiente de lo que dirían los de siempre, los periodistas pagados por los que mandan, si una facción del mundo se levantara en armas y quisiera pasar a cuchillo atroz a los ladrones que se apoderan del 85 por ciento de las vidas de los hombres de estas mismas latitudes. Ah, sí, qué dirían los tertulianos y los dueños de los periódicos importantes del mundo, y de toda la Hispania Citerior y Ulterior, si un grupo de hombres de Colmenar se levantara en armas y quisiera por su cuenta propia restituir su verdad o quisiera hacer morder el polvo a los actuales dueños del poder. O, para que lo vean mejor, ¿qué diría el presidente de la ONU si un grupo de valientes jurara sobre sus machetes que no volvería a poner sus espaldas en horizontal hasta no desalojar de toda Guinea, y para siempre, a los actuales ladrones y criminales que la parasita? Pues diría lo de siempre, «ahí abajo los negros son violentísimos, y a ver si mandamos a los cascos azules, y espero que se porten bien y no violen a las huérfanas que queden, cosa que ha ocurrido en el Congo, por ejemplo».

 

De esto íbamos a escribir, e incidiríamos en el aspecto ese de que la mitad del mundo esté ardiendo, y de verdad, y los que siguen creyendo que leer un periódico es importante siguen como si fuese normal y ley de vida el hecho de que unos estén sentados sobre el cuello de otros, y a veces chupando de la yugular; o sea, que los fuertes coman a los pobres, literalmente. Pero nos desperezamos, y mientras lo hacíamos, vino el estro y nos dijo «no, la cosa no va por ahí». Y recapacitamos, claro. Entonces nos quedamos sin qué escribir.

 

¿Por qué no es buena idea defender que los ultrajados quisieran pasar a cuchillo a los ladrones que parasitan las vidas del 85 por ciento de los habitantes del mundo? Por tres razones fundamentales. Primera razón, porque inmediatamente se produciría un milagro y quitarían la razón a los levantiscos y se la darían a la ONU, y sin merecerla. Segunda, el clamor de los periodistas y de los dueños de los medios de publicar llegaría al mismo Dios, un señor, hay que decirlo, que anda un poco despistado con los temas de acá. Es decir, estos que ahora sólo se levantan y van a una tertulia a hablar de cómo por enésima vez son testigos de los abusos de los poderosos, incluso lo que ocurre lo cuentan con algo de barniz, y también de anís, dirían que estos se han pasado, qué salvajismo, ya no son tiempos de estas barbaridades, y etcétera. Sí, los mismos que no se han unido para decir que no se puede seguir aguantando esta deriva cuasi totalitaria, que las cosas tienen que cambiar. Pero decirlo en serio y querer aportar algo más que el culo para las tertulias.

 

Y la tercera razón no se dirá. Creemos que lo hemos dicho todo. En lo que respecta a Guinea, ya sabemos que la única manera de redimirse el que allá lleva las riendas del impudor reinante es que estalle una revuelta. De criminal de bajo instintos pasaría a vencedor del mal. Y esto no debemos permitirlo. Ah, esto no tiene nada que ver con el silencio del que hemos hablado arriba, porque la naturaleza no se sostiene si ante los abusos cualesquiera los que lo atestiguan se quedan sentados. Es decir, cuando esto ocurre, el hombre, también la mujer, pierde sus atributos. Es decir, es una gran verdad que unos cuantos están sobre el cuello del 85 por ciento de la humanidad, y queda por ver en qué bando se incluye a los que tienen el poder de difundir los hechos del 15% restante. Buenos días.

 

Barcelona, 11 de junio de 2013

Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La carga, El desmayo de Judas, Nadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.