Vivir y morir en el Teatro Real

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Hay algunas personas tan fuera de lo común, que deben sentirse muy solos habitualmente. “Siempre me siento solo” es lo que le confesaba Antony Hegarty a Isabel Coixet en la entrevista que le hizo para el periódico “El Mundo” hace unos años. Hablar hoy de las peculiaridades de todo tipo –físicas, vocales, sentimentales- de este magnífico cantante ya no tiene mucho sentido porque todos le conocemos. En 2003 era un perfecto desconocido hasta que Lou Reed nos lo descubrió y ahora es un ídolo para iconos de la intelectualidad artística como Pedro Almodóvar, Boy George, Rufus Wainwright o David Byrne. Como poco, le hemos visto alguna vez en la televisión. Sin embargo, imaginad cómo ha sido la vida de Antony desde el colegio hasta que se convirtió en un fenómeno musical aclamado y respetado en todo el mundo. No creo que haya sido un camino fácil y seguro que le ha llevado, en parte, a cultivar esa personalidad tan tímida y solitaria que sólo se muestra en todo su esplendor cuando hace vibrar sus prodigiosas cuerdas vocales sobre un escenario; el lugar que los siglos han destinado a obrar el milagro de admirar lo que de cotidiano se repudia. Así es la vida.

 

Sin embargo, siempre hay un alma gemela con la que uno se acaba encontrando.

 

Las navidades pasadas, poco antes de recibir a 2012, estaba yo paseando por la Plaza de Ópera de Madrid. Para quien no la conozca, a esa plaza da la fachada del Teatro Real en la que cuelgan los carteles de las representaciones que se van a programar y para el 11 de abril de este año se anunciaba un estreno digno de Londres o de Nueva York, pero iba a ser en Madrid: La obra autobiográfica “Vida y muerte de Marina Abramovic” dirigida por Robert Wilson, narrada por Willem Dafoe y con música de Antony Hegarty. Se trata de una coproducción del Teatro Real con el Festival de Manchester, donde realmente se estrenó el pasado verano. Pero no cabe duda de que los ojos de los amantes de la ópera (aunque la obra no pueda definirse exactamente como tal) van a estar pendientes de Madrid a partir del día 11 y durante dos semanas, que es el tiempo que, por una entrada que cuesta entre 7 y 90 euros, se podrá disfrutar del espectáculo.

 

De nuevo un escenario es el lugar donde se obra el milagro de reunir a estas almas gemelas. Al menos Wilson, Abramovic y Antony están unidos por unas vidas difíciles que expresan a través de su arte. Dafoe, un actor acostumbrado a expresarse a través de sus personajes y bajo las órdenes de un director, no deja de ser un “bicho raro” entre los de su gremio, que busca una sinceridad en las tablas del escenario que no encuentra en la gran pantalla.

 

Hace unos años estuve a punto de conseguir contratar a “Antony and The Johnsons” para actuar acompañados por la Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Llegamos a negociar los honorarios, las fechas y la posibilidad de que la orquesta les acompañase a Galicia para dar un par de conciertos más, pero, todavía no sé por qué, la cosa se fastidió en el último momento. Cuento esto porque sé lo difícil que es conseguir un cartel como este porque los artistas de esta talla tienen muchos compromisos, son caprichosos y muy caros, por eso quiero felicitar a Gerard Mortier, quien nos tiene acostumbrados, desde que dirige este teatro, a una vanguardia y a una complejidad en las obras que selecciona, que resulta un poco alejada de gran parte del público y que es difícil de justificar en la taquilla. Confío en que esta sea una excepción.

 

La atormentada vida de Marina Abramovic, la hierática y vanguardista puesta en escena de Robert Wilson, la talla interpretativa de Willem Dafoe y la música inquietante de Antony Hegarty son los ingredientes para esta propuesta artística que llevará a Madrid a arrebatarle a Nueva York el título de capital mundial de la cultura… Al menos durante un par de semanas.

@Estivigon

 

PD: Tanto rollo con la Marca España. Pues no sé a qué esperan el ayuntamiento o la comunidad de Madrid para sacarle partido mediático a todo esto. Si el estreno fuese en Barcelona…

Nacido en Madrid en septiembre de 1962. A mí y a mi entorno, cada vez nos cuesta más definir a qué me dedico. Periodista de carrera durante quince años en la editorial GyJ, guionista de cine y teatro, productor de contenidos audiovisuales para museos y centros de interpretación, community manager en BMG Rights España, gestionando la identidad digital de un puñado de artistas, y músico. Aunque esto último me queda un poco grande; me considero un aficionado, pero, para bien y para mal, llevo veinte años metido de lleno en esta vorágine en donde me conocen más como Estivi. Discos grabados, conciertos, giras, noches… y muchos amigos.