Voquibles repugnantes, dixo Manuel Alvar

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Jorge F. Fernández habla en El País (México lleva X, sábado 30 de enero de 2016, México) de una letra “heredera, por una parte, del vocablo en náhuatl con el que se hablaba en el mundo prehispánico, y a la vez de la equis con sonido a jota del castellano de la época de la Conquista: “Ansí que el coxo que caminó por Anáhuac dixo su ley y traxo consigo muchas y asombrosas cosas”, y cita a Manuel Alvar: “Escribir Méjico con la J conlleva una caspa trasnochada que le pierde el respeto no sólo al país que ya lleva más de dos siglos de vida independiente, sino a la propia España que ha tiempo dejó de imponer políticas allende su frontera (…),  y “en jamás de los jamases Méksico, porque ese voquible repugnante nunca existió en bocas nahuas, ni en bocas españolas, ni en bocas mexicanas”.

 

Jorge F. Fernández habla en El País (México lleva X, sábado 30 de enero de 2016, México) de una letra “heredera, por una parte, del vocablo en náhuatl con el que se hablaba en el mundo prehispánico, y a la vez de la equis con sonido a jota del castellano de la época de la Conquista: “Ansí que el coxo que caminó por Anáhuac dixo su ley y traxo consigo muchas y asombrosas cosas”, y cita a Manuel Alvar: “Escribir Méjico con la J conlleva una caspa trasnochada que le pierde el respeto no sólo al país que ya lleva más de dos siglos de vida independiente, sino a la propia España que ha tiempo dejó de imponer políticas allende su frontera (…), y “en jamás de los jamases Méksico, porque ese voquible repugnante nunca existió en bocas nahuas, ni en bocas españolas, ni en bocas mexicanas”.

 

A todo lo cual echo yo leñita al fuego para relanzar mi anatema contra los que, ante las otras equis de la piel de toro, señaladamente gallegas y catalanas, son incapaces de pronunciarlas como es debido, que tampoco es como la jota en que ha acabado la castellana (de Ximénez a Jiménez), sino, fácil, fácil, como la ch francesa (de chose, par example). Es el caso del xeito gallego o la rauxa catalana (y supongo que valenciana). Hay que ver los equilibrios que hacen, no sólo ciudadanos de a pie, sino también ilustres “comunicadores” para decir Xunta (y dicen Sunta o Ksunta o Chunta, como en Aragón). Claro que tampoco se han enterado de que Coelho se pronuncia Coello, y mira que van millones de libros vendidos por Paulo…Y además que coello significa conejo en gallego (y en portugués, claro).

 

Y ya que me toca seguir metiendo el dedo en el ojo, el otro día un comentarista político dijo en la SER una frase que por muy disparatada que sea no puedo más que atribuir a un error momentáneo, una especie de pequeño ictus verbal sobrevenido, a pesar de que no hubo rectificación subsiguiente: “El Partido Popular terminó abstuviéndose”. Cosas que pasan.

 

Más me dolió esto que dijo Javier del Pino, en un programa de radio que para mí es el mejor del fin de semana (¿o de la radio en general?), sobre todo en las primeras horas: A vivir que son dos días: “Los Ángeles, una ciudad cuya mayoría de la población es latina”. Como soy una seguidora tan fervorosa, quisiera atribuirlo a los muchos años que ha pasado fuera de España, pero para ser sincera no puedo, ya que su error sigue exactamente la misma pauta de muchísimos de sus paisanos, que tienen un lío horroroso y una duda metafísica que se puede expresar así: ¿en realidad, para que sirven los relativos? Tengo escasas esperanzas de que lea esto, pero porsiaca, Javier, deberías haber dicho “…una ciudad la mayoría de cuya población es latina”. De nada. You’ re welcome.

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.