Vueltas nocturnas

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—Estoy harto.

 

—De todo. De nosotros, los periodistas. De Twitter. De la gente.

 

—La gente es gilipollas.

 

—Pues sí.

 

—¿Has visto la huelga de la SER?

 

—Sí. Todo el mundo habla de ello. Claro, es la SER. Nadie se llevó las manos a la cabeza cuando hace poco hubo despidos en Punto Radio. O cuando los hubo hace un tiempo en Onda Cero. O mientras los ha habido en ABC. Ha cerrado Qué y nadie se ha escandalizado.

 

—Es que la SER es sexy.

 

—Hay medios de primera categoría y otros de segunda. Vale que la SER tiene más medios, pero la gente que trabaja allí no es necesariamente mejor que la de cualquier otra emisora, donde hay gente tan válida o más. Hay quien ve en su cabecera una religión.

 

—Hay quien es capaz de escribir un libro sobre el 15-M el mismo 16-M y de pronunciar ‘guaykiliks’ en plan ‘yo sé inglés’.

 

—Y luego están los que dan lecciones. Los que de todo saben en Twitter aunque no tengan ni puta idea.

 

—A mí me gusta, de vez en cuando, pillar a alguno en un renuncio. Es muy fácil: basta con preguntar por qué. Les metes en un lío.

 

—Tú es que eres un listillo. Pero es verdad. Estoy cansado de estos que piensan que su opinión es la Biblia. ¿Qué se han creído?

 

—Y dan lecciones a gente que lleva treinta años haciendo periodismo… Recuerdo un tuit de un tío de El Mundo, hace un tiempo. Decía que estaría genial que esos que van repartiendo lecciones de periodismo siquiera una sola vez dieran una noticia. Una sola vez.

 

—Sí…

 

—Aunque a mí me mosquea aún más esta legión de gafapastas que ha surgido de repente para adular a ciertos columnistas de éxito. Plumillas cuyo buen hacer es ciertamente discutible.

 

—¿A quién te refieres?

 

—Lo sabes perfectamente. Y luego hay buenos periodistas, que escriben de lujo, con quienes hemos perdido la capacidad crítica. Ocurre con Enric González. No hace mucho publicó una columna demencial sobre la inevitabilidad de un corralito en España que la parroquia celebró con estruendo. O una entradilla en una crónica suya desde Grecia ciertamente discutible que algunos pusieron como ejemplo de un arranque potente. No sé… y mira que es bueno.

 

—Lo que hay es mucha tontería.