Los seres desnudos
María Antonia Ortega

EUROPA

Oh, Europa, púber,
bosquecillo,
vello de árboles en flor,
¿tendrás paciencia
hasta que maduren los frutos
del nuevo conocimiento?
Como las velas de una regata
en un horizonte todavía cercano
se extienden aquellos siglos azules,
como las artistas de los montes
cuando se funde la nieve
y el agua baja en cascadas.
El viento nos empuja como siempre;
y al soplar suavemente
como el pasado,
la llama tiembla
pero no se apaga.
Aprende a silbar otra vez
suavemente
paseando por las calles
con las manos en los bolsillos.
A tu saber
todavía le falta sabor, y a tus universidades
más cúpulas, bóvedas, arbotantes,
más locura, más pasión, miradores
para dominar desde allí
un amplio horizonte onírico
y bebederos para palomas.
Te falta emoción,
entusiasmo,
alguna emoción pura.
La piedra de tus estatuas y catedrales
está ahora más conmovida que tú.

SEX SHOP EN HONG KONG

Ésta es la tienda de sexo más importante, pero no veo ligueros, ni
de colores llamativos lencería, ni instrumentos de dominación ni
de sometimiento, sino libros de poetas inmortales, filosofía, y un
pequeño servicio de Bar-Restaurante con platos exquisitos.

Dicen que es aquí donde se pueden conocer de verdad los
placeres de la carne. No consisten en la satisfacción urgente del
deseo sino en su aplazamiento.

VIDA DE REBELDE

Mi dolor se estremece, cruje en las ramas.
Es a la vez mío y de los demás.
Se oye como un pájaro apresado en la enredadera,
y cuando por fin se desprende como el alma del cuerpo
mi dolor se hace más grande, más alto
como el fruto o el nido:

Me proyecta como una sombra en color, nueva, viva;
huele como un hogar al mediodía,
como una despensa, como una orza, como un puerto
a salazón.
Está vivo.
Es un dolor como el de los adolescentes al crecer los huesos

Es un dolor de abajo a arriba.
Todavía es rebeldía.
Trae fuerza.

EL CABALLO

La luz es
una ciega desnuda.

Por qué razón habrá el caballo
de parecernos siempre desnudo,
y no el ganado vacuno.

Pues hay una desnudez
que también nos cubre
como un vestido
con las manos de dios
sobre nuestra piel,
nuestra boca,
nuestro sexo.

Es la luz
donde la luz es lo único
al manifestarse en cada ser
fiel a si mismo
en la forma pura de las cosas.

Y es el caballo
uno de los seres
más idénticos a si mismos.

LE PREGUNTARON A AQUEL HOMBRE DE VIDA APASIONANTE ACERCA

de qué recuerdo querría conservar si le dieran a escoger: "He conocido muchos
momentos culminantes e incluso he sido protagonista de algunos de ellos. Quizá
los demás los recuerden mejor que yo. Pero si tuviera que decidirme por una de
entre todas las evocaciones que se refieren a lo hasta ahora vivido, sin duda
alguna me quedaría con la luz de una tarde cualquiera".

TARDE

La vida la sobrepasó
llena de fuerza y arrogancia,
y detrás de sí la dejó
vieja y loca,
tan hermosa,
con su corona
de hojas secas,
casi una llama;
fingió abandonarla a ella
por conservar
con más dignidad,
con más entusiasmo
que la propia vida
tan desdeñosa
los ideales de la juventud,
y ser todavía más bella,
sin flor,
oh, tarde de otoño, oh,
hermosos signos de la
edad, oh, luz tan clara de
Noviembre que hasta
guarda dentro de si misma
misteriosos valles en
sombra.

María Antonia Ortega(Madrid, 1954)

Licenciada en Derecho.

Libros de poesía publicados: Épica de la Soledad (Libertarias, Madrid, 1988), La Viña de Oro (Libertarias, Los Libros del Egoísta, Madrid, 1989), Descenso al Cielo (Torremozas, Madrid,1991), El Espía de Dios (Libertarias, Madrid,1994), Sí, Antología Poética, o La Existencia Larvada (Huerga&Fierro, Madrid, 1998), Junio López (Huerga&Fierro, Madrid, 1999), La Pobreza Dorada (Devenir, Madrid, 2003), Poema Alemán (Aristas de Cobre, Cuadernos de Poesía, Córdoba, 2003), Digresiones y rarezas, Postales, Recuerdos, Souvenirs (Devenir, Madrid, 2007), El pincel fino, A dreaming Woman (Los conjurados, Polibea, Madrid, 2010), Hazversidades Poéticas (Libertad 8 y Cuadernos del Laberinto, Madrid, 2011).

Recientemente ha sido incluida en la selección Cuatro gatos: Otras voces fundamentales en y para la poesía española del siglo XXI (Huerga&Fierro editores, Madrid, 2009).

Ha realizado crítica literaria en algunos periódicos, como en Los cuadernos del sur y Diario de Córdoba.

En la actualidad tiene un blog en internet denominado Pasquindeletras.

DUBLÍN

Para Nieves Sánchez Arjona y
José María Henríquez de Luna

Padre,
creo sobre todas las cosas
en que la naturaleza sueña.

Yo no escribo,
inscribo,
insiste el poeta.

Vosotros sois sobrenaturales,
el poeta sobrehumano.

Ellos tienen el corazón
lleno de gracia,
el poeta de dolor.

Si algunos de soberbia,
él de esperanza.

A Dios
que ya no cabe en el mundo
le sobra espacio
en el corazón del poeta.

De la humillación
del poeta nace la poesía.

Si el origen del hombre
es oscuro,
sólo el fin
de su fin,
la memoria,
es luminoso.

LOS MODELOS DESNUDOS

Pero qué lejos están ahora
los seres desnudos:
los caballos detrás de la cerca
pastando bajo la luz del atardecer.
La desnudez en el pétalo de la rosa
y en el plumaje del gallo,
más desnudo
cuanto más intenso es su color.
Es la luz de los seres
sobre sí misma
como una galería de espejos
en el fondo misterioso.

Sólo el hombre está vestido de Ciudad
y sus brillos.
¿Acaso no habrá de encontrar
una desnudez nueva
en la poesía,
puesta como un horizonte de pureza
en el paisaje cotidiano,
en el paisaje heroico?

Un día el hombre se contrapuso,
le puso al hombre una armadura,
y fue su primer vestido
frío como las escamas de los peces.
Pero no hay armadura
para dos hombres.

Cuándo la guerra no necesitará
más del hombre,
y será contra sí misma
como torbellino
que pasa por fuera
derrumbando las cercas.

Sólo el traje de fiesta es hermoso,
y parecido a la desnudez;
al trabajo habría que llevarlo puesto;
vestirse con él todo el día
desde la mañana;
dar nueva forma con él
a todas las ya existentes.

Quién es el hombre
que a la vez se viste y se desnuda
en su historia de siglos.
Quizá el único
que ya no está bajo su piel
sino sobrepuesto a ella.

Hay una playa de fina arena
para los seres desnudos por dentro,
y la luz a todo se ofrece.

Cambiaría las alas del águila
por las de la mariposa;
por su aleteo ciega de luz
daría el vuelo raudo
que cruza los valles en sombra.