Lo solo del animal
Olvido García Valdés

 

 

El agua es algo de lo que no sé; que veo y miro y oigo y toco y de lo que no sé. En lo que escribo aparece; en algunos poemas, ahí está.

Delante. He vivido delante de un gran río que venía; no ya porque vivía a la orilla del río, sino porque el río, por la configuración del terreno, parecía venir sobre la casa.

Era un agua sonora. A corta distancia, todo a lo ancho del río, que allí era ancho, el caudal se precipitaba sobre un dique; más ruido, según la lluvia y el momento del año. Siempre el ruido aquel año, que fue un año de lluvias.

 

Me parecía entonces, ese ruido, origen de otra cosa, cámara de resonancia, recámaras, una percepción interior. Tras un espacio, otro, hueco y vacío y silencioso, pero hecho por el sonido, o no disímil de algo de la estructura del sonido.

 

El del dique, el del agua en el dique es sonido áspero y monótono, violento; esa aspereza se hace en la cabeza sequedad, hormigueo del estruendo que resuena, se hace oquedad, eco sin pausa de lo hueco. Como en los espacios virtuales, cuyos sistemas se abren en huecas carpetas repetidas, cámaras y recámaras sin término; uno atiende hacia adentro, por si hubiera otra cámara, temiendo que la haya porque no sabe lo que hay, qué hay ahí. Igual, el agua.

 

Pero en el agua está la luz. Sin luz o con luz, con más o menos luz, el agua es otra. Con su ruido, de noche, incluso en la ciudad, donde de noche no es del todo la noche, el agua es otra. “Extraño, que la tierra se divida en agua y pensamiento”, rumiaba el  fumigador de guardia.

 

De la fábrica de luz, por el túnel llegan los muertos. Así llegaba el santo en la pintura y su verdor, y nunca supe que junto a él viviría. No siempre se ve del mismo modo. Ahora pongo atención a los cristales, a los restos de la noche, y hay trocitos de verde ira, por la calle, esperando.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

es de la familia, en cada generación elige, busca una voz, la nuez de una garganta
Es el dinero el corazón del hombre, se balancea el balancín, elige los ojos que evitan ser reconocidos.

Y yo si pudiera
también, pero no puedo, impídelo la autoridad
la vaca en la pendiente como una cabra famélica, cabras famélicas de Luís Cernuda

elige fratias
se suspende cernida, se reconocen de la fratria, vuelven los ojos locos, saben que si quieren, reconocen la sillas, los palitos
una hermana de la madre, la madre, una hermana del padre, la hija, la hija de una hermana de la hija, el hijo, el hijo de la hija de una hermana de la hija
la de la sombra
es otra luz, monsieur le chat, monsieur le renard
sonido elige,
una tecla, una cuerda, la musiquilla viruta
en un trozo de tubería sellada, soldado tintineo aleatorio

salta, salta, pececillo, va por ti
bien sabe
cuán pronto se disuelven
nombres que designan relaciones familiares

Una mosca no es un animal
doméstico pero a veces a fines
de diciembre, si la mosca lleva ahí
un mes o más, bien puede ser
un doméstico animal con su ruidito y
talla breve; se vuelve objeto
de observación si no de afecto, porque
ahí está y su estar quieta o atusarse
con la patita el ala es algo
cercano que persiste.

le envuelven los sonidos, no localiza
con precisión de dónde vienen
parecía de enfrente y son
de atrás, le resulta lejano
y ve al pájaro ahí mismo
en esa rama, giran seres
y afectos empujándose, opaco
casi violento mirar fuera

a los enfermos e
impedidos diles ea
solos estáis.

 

 

...porque fíjate; son ingrávidos
y nosotros ahora empezamos.
(Virgilio Piñeira)

protégenos cicuta
farolillos aéreos encandilen
el trago no tragable
amarillos y leves adormezcan
la vida se quisiera
extemporánea volver

un gran zapato contiene
un hombre muerto, enseña
nacional, bastón de mando, mera
cuestión de perspectiva, de perspectiva aérea
                              Intemporal
el negro de la dama, solo ella
en el círculo mágico, imantada
en un llanto que lo crece sin lágrimas
lamento en torno el redondo
tapete de la pérdida, redondel, ruleta
good night, al fin de todos sweet lady.

un látigo en la izquierda
sien, retraído ojo, bola
de no
           sentarse
al son en una piedra
junto a un camino, sentarse
con una respiración
de Grecia
              de Grecia
eran los dioses
y caminaban, se sentaban
                          dar hueco
al respirar, ser a lo frágil
                            y si
no acoge o deja que fluya la acogida
ese ojo o cielo azul de Grecia y de
de ahogo, será mero doler.

el silencio hizo del mundo un pozo, que
haya cesado el canto, que la inquietud
le impida estar en sí, alzarse en calma
al tejadillo hexagonal, el jardín vibra
como un pozo
                    después, casi inaudible
una música recién
aprendida, átona casi, llegaba
al corazón en su consuelo
                   la inquietud parece
culpa y es mal solo de lo que no, mal
de la vida

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                       1

La hora pastoral
de los animales en hilera. Atardece
vaca y ternero y vaca y vaca.
Muge, no porque lo oiga, sino porque la veo
la  precisa línea de la testa levantada
la del morro al mugir, los campos pastorales
caballos y potrillos cerca de la ciudad.
Be calm, decía en una lengua no
suya, animal ser de la calma.

 

                                       2

brillo
verde amarillo sin alimento
solo humedad
                                        (no densos
                                         no los profundos
                                         no luz alegre del verde)
               viene de abajo
               lo enciende el agua
               llega de fuera, casi sin humus
 

                                     3

              cabeza
              de gato se llama la canción
              la cantaba ensamblando tablas
              de la caja, la cantaba y eran
              las vetas de madera notas
            de la canción, cabeza de gato
            el tarareo, viruta dulce
            ya sin letra la madre
                                            (con Antonio Gamoneda)

 

la devoción nos deja inermes, carece
de propiedad de simetría
                         qué habéis
decidido pregunta lo solo, un modo
de estar o de decir, todo lo que aprendimos
fue por ósmosis
                     escapárrones, concierto
de esquilas, viento en las acacias y las parras, quince
de julio, una música antigua en el rastrojo, una antigua
inquietud, este viento y las cabras
oscuras, no las ovejas blancas

Olvido García Valdés(Santianes de Pravia, Asturias, 1950)
Licenciada en Filología Románica por la Universidad de Ovieo y en Filosofía por la de Valladolid. Ha sido profesora en Toledo y directora del Instituto Cervantes en Toulouse. Codirectora de la revista Los Infolios y miembro fundador de El signo del gorrión. Ha desarrollado una amplia labor crítica sobre poesía y sobre arte. Es autora de seis libros de poemas: El tercer jardín (1986), Exposición (1990. Premio Ícaro), Ella, los pájaros (1994. Premio Leonor), Caza nocturna (1997), Del ojo al hueso (2001) y Todos estábamos vivos (2006. Premio Nacional de Poesía). Reunió todos estos libros en el volumen Esa polilla que delante de mí revolotea (2008). Ha publicado en ensayo biográfico Teresa de Jesús (2001). Ha traducido a Pier Paolo Pasolini (La religión de mi tiempo, Larga carretera de arena) y en colaboración una amplia antología poética de A. Ajmátova y M. Tsvetáieva, El canto y la ceniza. Sus poemas han sido traducidos al sueco, francés, italiano, inglés, alemán, portugués, polaco, rumano y árabe.