Morella

Eli Tolaretxipi

[Poemas del libro inédito ‘Edgar’, de próxima aparición en la editorial Trea]

Morella

Morella’s erudition was profound. As I hope to live, her talents were of no common order- her powers of mind were gigantic.
Edgar Allan Poe
 
 
El movimiento del brazo dibuja círculos, espirales
signos de infinito, de interrogación,
interceptado por un rayo de luz espectral
colado en el sótano del museo
como si fuera el fondo del mar.
Su reflejo la vuelve abisal,
confiere a sus labios un tono morado
perfila la nariz recta
la frente despejada
la expresión de una mujer
que viene de otra época,
que regresa con sus pensamientos brutos
a atormentar al poeta
a agitarlo en su sueño narcótico
ordenarle otra historia
dictarle otro final.
Edgar, esto no es la morgue
es el almacén de un museo
y Morella, a la que no encontraste
en la tumba cuando fuiste a enterrar a tu hija
es la mujer con la luz
en el vientre de este buque
en el fondo de las aguas,
la mujer con la maleta llena de zapatos
y el vestido abigarrado.
Edgar, Morella nunca yació en su tumba
ni dio a luz a la niña Morella. Despierta.
Es la mujer con la blusa de hojas y algas
la que deja un rastro de carmín en el borde de las tazas
la que con los dientes
te ha marcado la lengua.

[Tríptico Inédito]

Trozo

El mar ya no es una raya
verduzca en el horizonte.
Es una franja oblicua
que cae del cielo
fría y movediza,
un pedazo de otras aguas grandes.
En el cielo, errabunda, no es desorden.
Se desmadeja. Tira de más de un hilo,
hilachas rosadas.
La que está cerca de la orilla es vieja
lleva tiempo, de maleza, yodo, herrumbre.
La de atrás es blanca, protegida.
Entre una y otra, un túnel
que huele a orín y a excrementos,
un perro guardián que languidece.

Pedazo

Describe la tormenta como animal,
acecha, amenaza, luego pasa,
amordazada, anudada, prieta.
Hay un montón de carbón
que tapa la entrada.
Pone cuidado en lavarse, esquiva ese olor
a carne pequeña, esa leve náusea.
La música no emociona, pero apacigua, sosiega.
La oigo muy lejos, se le va encogiendo la voz.
Ahí, entre el recuerdo de lo negro en la entrada
y los yerbajos, la herida sigue profunda,
la tierra mojada secándose, removida.
La niebla sofoca el ruido
llega fría a los pulmones.
Duele aún, aunque alivia.
El cerco abierto se adelgaza
roto, se bifurca.

Cacho

Piensa que necesita un desierto,
arremolinada, bajo un árbol sin hojas.
Los toca con suavidad
mueve el cuello como un caballo
que se acomoda el freno de la boca,
sin mirarlos, con la mejilla,
quiere morderlos, pasarlos por las encías.
Tal vez un llano donde el cielo caiga pesado; o tal vez sólo sean
las ganas de salir del enramado
de vías que acaban
en sumideros o cimas
de las que cae o se atasca
como en sueños forzados.



Dolor

Pain has an element of blank…
Emily Dickinson

 

Lo primero que pierdo al caer
en el pozo es la sintaxis.
Sólo palabras sueltas
como dolor o visión de herida.
magulladura, arañazo, imposibilidad de
saber si antes, o
si la marca es el recuerdo
de algo. La hinchazón oculta
por el pelo podría parecer irrisoria, patética, evitable.
Y qué me dices del ruido.
Será que el agua hierve o son aplausos, el agua o
un piano que imita los músculos
del mar, sus hombros, los brazos,
las manos que apartan la densidad.

No Dolor

La mano abierta
presiona el muro
detiene la hemorragia.
Una luz la oscurece
le quema los bordes.
El destino se pierde
en las rayas asimétricas
en la disposición desigual
de las manchas.
Hay cierta fluidez
parecida a la felicidad.
Un magnetismo distante como
una cura de deseo que se resiste.

Otoño 2010

Depósito

Garabateados, dibujados, pintados,
agrupados, primero, luego
erguidos solos, o agachados
sobre el tejado del depósito.
La luz es cremosa como un cuenco
o un regazo de madera. Coloco la cabeza.
Es un tanque sobre la tierra
y por debajo, algo que deja reposar,
como esperar una música
como antes del principio,
silencio o algo parecido al silencio
si esos hombres no sacudieran
con máquinas la mano, no sacudieran
sobre el poema el incidente.

El día no tiene luz.
El día sucio se mira igual
ahumado en el cielo.
Las gotas se van pegando
se yergue sobre el suelo algo
de ahí, se despierta
como la música en el papel,
incidental.
Hay atardeceres de incendio
en el depósito,
y una enorme lágrima verde
de mar, densa, concentrada.
La vibración de la mano
el cuadro sensible
el punto que late abultado, deprimido,
áspero, irritado,
un cerco de palabras sacudidas
como diagrama de corazón grande
y sobre él, depositado, un pedazo de
piedra coralina o volcánica, cerebro.

S/T

Sin relación, inconexos,
reunidos con él,
los ojos del mismo color que el pijama
cáscara dentro de la cual baila,
se contorsiona.
La sonoridad se desconecta,
pero dice mucho mientras gesticula,
no desesperado, coherente,
pero no sé descifrarlo.
La voz no tiene dimensión es
como música entre agujeros y líquidos
agujas, pero muda. No quiere ser rescatada.
Un último aviso, consejo, aliento,
tal vez, fuerza, secreto, continuación,
como el barco cose el horizonte.

Eli Tolaretxipi Vive y trabaja en San Sebastián. Ha escrito los siguientes libros de poesía:

El especulador (Trea, Gijón, 2009)
Los lazos del número (Bassarai, Vitoria, 2003)
Amor muerto - Naturaleza muerta (Bassarai, Vitoria, 1999)
Edgar, (será publicado por Trea)

Y ha traducido a Sylvia Plath, Elizabeth Bishop, Menna Elfyn, Tess Gallagher y Patti Smith entre otros autores.