Y el cuerpo se hizo línea

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Pintar un cuadro es realizar un viaje con la pintura por los laberintos del tema elegido. Si además se trata de pintar el propio cuerpo, este viaje se torna aún más apasionado y obsesivo. Hay algo perverso en forzar a los inocentes pinceles y pigmentos a una relación, no por frecuente, menos antinatural. Si no fuera por los espejos o las aguas tranquilas, no podría verse el pintor a sí mismo, más que en los ojos de los demás.

 

Encolóse la tabla de formica encontrada en la basura; y no se sabe por qué enigmático impulso, pintóse de amarillo, un tanto agrio, como en una pesadillla, para que estuviese lista y seca el día 8 de Agosto. El modelo pintor se tumbó desnudo sobre la tabla, justo a las 12 de la mañana (la hora del Ángelus) del día que cumplía cincuenta años. Alzó el rotulador negro como si de un puñal ceremonial se tratase, y trazó como pudo el borde de su cuerpo sobre el estrecho soporte amarillo.

 

El viaje había comenzado.