…Y la derecha arrasó

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Como no podía ser de otra manera, se cumplieron los cálculos más sombríos para el PSOE. El PP conservó sus
diez millones de votos casi inamovibles, pero, con sólo medio millón más de sufragios, alcanzó una histórica mayoría absoluta. También histórica la debacle del PSOE, mientras, a su costa, crecen los partidos
minoritarios: Equo se tuvo que conformar con el escaño valenciano de
Compromís, pero IU y UpyD vieron colmadas sus más optimistas
expectativas. En definitiva, los votantes del PP son los mismos de
siempre; y los que votaron casi por obligación al PSOE en otras
ocasiones, han manifestado alto y claro que están más que defraudados
con ZP y todo su partido, y más hartos que nunca de este bipartidismo
fáctico que resume el sistema democrático a la mera alternancia.

 

Los titulares son evidentes: el PP de Rajoy arrasa, la debacle histórica
del PSOE, el también histórico resultado de la izquierda abertzale
en los primeros comicios sin la amenaza etarra, y, más que nunca, los
españoles cuestionan la justicia de un sistema electoral según el cual
al PP le cuesta un escaño 58.000 votos, y a UpyD, 227.000. Paradojas, no
de la Ley D´Hont, sino de la cuidadosa elección de la provincia como
circunscripción electoral.

 

Manida frase pero no por ello menos real: el PSOE debe hacer una reflexión
profunda. Más de cuatro millones de sus votantes han huido de sus siglas
para refugiarse en opciones alternativas de izquierda (IU, Equo) o de
centro (UpyD), o en la abstención, hasta en el voto nulo, que se dobló y
alcanzó el 1,2% de las papeletas. Ni el miedo a la derecha y su tijera
pudieron con la sombra alargada de los cinco millones de parados y -a
eso voy- la profunda indignación de ver a un partido que se dice socialdemócrata plegándose a las imposiciones de Bruselas y Berlín,
o sea, de Los Mercados, con tanta prontitud y disposición. Moraleja: la
reflexión que debe hacer el PSOE es la que esperan sus electores. Que la socialdemocracia, herida de muerte hace ya años, terminará de morir si sigue empecinada en mimetizarse con la derecha liberal.
Que sí, que son más progres. Que se avanzó en derechos civiles. Que no
son exactamente lo mismo. Pero, al final, lo que importa es la pasta,
estúpido. Y, en lo que tiene que ver con economía, las líneas son cada
vez más borrosas. Porque en este capitalismo salvaje del
post-tatcherismo no caben, y cada vez menos, las medias tintas.

 

Da miedo. La derecha con mayoría absoluta y Los Mercados y la Merkel -ya ni hablo de Merkozy porque se comienza a ver que Sarko
tampoco pintaba tanto- presionando y facilitando la excusa perfecta
para cargarse nuestro Estado de bienestar. La Moody´s concluye en su
último estudio sobre Francia que «el modelo social francés no podrá ser
financiado si no se preserva la economía francesa». Lo pueden decir más
alto, pero no más claro. No voy a entrar en teorías conspirativas sobre
si todo esto de la crisis de deuda es desde el principio un montaje para
cargarse el Estado de bienestar, pero lo que está claro es que saben que tienen una oportunidad de oro para hacerse con el pastel de la sanidad y la educación.
Que es mucho dinero en juego, señores. Lo diré una y mil veces: toca
salir a la calle. Indignarse, comprometerse, y mojarse. Cada uno como
mejor sepa. Nos jugamos mucho. Ellos van a ir hasta el final. ¿Y
nosotros?

 

Nota al pie: Moody´s es otra de las agencias descalificadoras
que nos metieron en este berenjenal con sus calificaciones de matrícula
de honor a los activos tóxicos de hoy. Sé que lo repetí muchas veces
en estas páginas, pero que no se nos olvide. Mientras la Moody´s, la
Standard & Poor´s y la Ficht sigan teniendo el poder que tienen,
sigan sin pagar por sus colosales errores, sabremos que vivimos en un
mundo loco donde los que mandan hacen las reglas
, y por ello hacen y deshacen a su antojo desde la alegre irresponsabilidad que brinda la impunidad. Y si deciden Los Mercados, no hay democracia; porque si mandan ellos, no mandamos nosotros. Nos hemos dejado robar la política.

 

P. D. Escuché una vez que los brookers de éxito suelen
tener problemas de falta de empatía. Para cargarse pueblos enteros por
engrosar el número de ceros de alguna cuenta bancaria, y aún así dormir
por las noches, hay que ser un poquito psicópata, sí…

Nací en Extremadura, pero soy -también- madrileña. Periodista por vocación y convicción, llegué a América Latina en 2008, a esa ciudad caótica y fascinante que es São Paulo. Después de unos años entre samba y tango, me establecí en Buenos Aires, desde donde trabajo como 'freelance' y colaboro para medios como El Mundo y Le Monde Diplomatique. Aunque, cada vez más, apuesto por los proyectos independientes: la revista Números Rojos, la web Carro de Combate -dedicada al consumo responsable y la denuncia del trabajo esclavo- y, por supuesto, este Fronterad.   Afincada por fin en Buenos Aires, una ciudad que me cautivó desde mucho antes de visitarla, cuando se me mostraba desde las páginas de Julio Cortázar, sigo descubriendo este continente diverso y complejo, este continente con las venas abiertas que, sin embargo -o por eso mismo-, tiene tanto que enseñarle al mundo.