¿Y si Pedro Sánchez estuviera salvando al PSOE?

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Desde las elecciones del 20-D, Pedro Sánchez ha ganado capital político: ha alejado al PSOE del PP y ahora, como presidenciable, ha ganado poder negociador frente a Podemos y Ciudadanos, que lo tendrán difícil para negarse a que se convierta en el próximo presidente del Gobierno. 

 

No parecía muy brillante. Por eso, quizás, llegó a ser candidato a la presidencia en el momento más difícil del partido. Pero ahora mismo se encuentra en el mejor lugar en el que podría estar, en las mejores circunstancias y por méritos propios. Tras el paso atrás de Mariano Rajoy, que no se ha molestado en buscar apoyos, Pedro Sánchez está muy cerca de pronunciar un discurso de investidura del que muy posiblemente salga airoso. Independientemente de lo que ocurra después, de si logra apoyos, o no. O de lo que nos imaginamos que puede suceder a continuación.

 

Pedro Sánchez, gracias a la resistencia que ha mostrado, resistencia respecto a los barones de su partido, la poderosa Susana Díaz incluida, ha llegado a donde está, a ser prácticamente presidenciable. Si por los líderes socialistas hubiera sido, la gran coalición, por acción u omisión de los socialistas, podía ser ya, a día de hoy, una realidad. Y, por tanto, podríamos estar escribiendo ya el acta de defunción del PSOE. Porque Podemos hubiera ocupado su puesto, directamente, como partido prácticamente hegemónico de la izquierda. Los de Pablo Iglesias se hubieran vendido así mismos como los verdaderos socialistas y hubieran hecho campaña, y con razón, de que el Partido Socialista es, definitivamente, un aliado natural del Partido Popular. La tesis primera de Pablo Iglesias hubiera ganado verdad: PP y PSOE no es que sean exactamente lo mismo, pero sí sirven para lo mismo, para mantener el statu quo.

 

La resistencia de Pedro Sánchez no ha sido sólo de puertas para adentro. No se ha manifestado únicamente en una cruenta batalla en Ferraz, que ha terminado con una victoria de Sánchez en forma de una consulta a las bases sobre el acuerdo de gobierno al que se llegue con la hipótesis (que puede ser incorrecta) de que las bases socialistas son más de izquierdas que su cúpula. También, intuimos, han participado en esa presión contra la que Sánchez ha resistido otros actores miembros de las altas esferas económicas del país, temerosos de un gobierno en el que Podemos lograra ministerios.

 

Pedro Sánchez ha logrado despegar al Partido Socialista del Partido Popular y convertirlo en una alternativa. Pese al golpe de efecto que dio Pablo Iglesias tras su primera reunión con el Rey Felipe VI instando a las izquierdas, retando muy particularmente a la socialista, a gobernar juntas y poniendo sobre la mesa nombres para carteras ministeriales, Pedro Sánchez, al principio descolocado e incluso desconcertado y un poco perdido, ya le saca un cuerpo de ventaja. Y decisivo para la propia supervivencia del PSOE.

 

El líder socialista es ya el presidenciable. Es el que tiene que recabar apoyos. Está poniendo mucho de su parte para lograrlo. Como ha venido apuntando desde la campaña, mira a izquierda y a derecha, a Podemos y a Ciudadanos, para construir una alternativa al Partido Popular. Ciudadanos y especialmente Podemos lo van a tener muy difícil para negar su apoyo a Pedro Sánchez. Lo van a tener muy difícil porque luego tendrán que explicarlo a sus electores, que posiblemente no lleguen a entenderlo: ¿Qué fue lo que les impidió apoyar a Pedro Sánchez en la investidura?, ¿qué línea roja? La gente empieza a estar cansada de que los líderes, los viejos y los nuevos, no sean capaces de llegar a acuerdos importantes para resolver los problemas del país y los conflictos hasta el momento hayan sido nombres, sillas, bebés y rastas.

 

Cayo Lara, de Izquierda Unida, que junto a Alberto Garzón ya se ha reunido con Sánchez, afirmaba esta tarde con clarividencia: «Quien ponga chinas en las ruedas para que no haya un Gobierno de progreso, va a perder credibilidad ante la opinión pública», «quien ponga zancadillas se está equivocando y lo debería pagar»

 

Si los socialistas no logran apoyos, al no tenerlos tampoco el PP, crece el riesgo de que haya nuevas elecciones. En ese caso, el Partido Socialista, de manera sorprendente para propios y extraños hace apenas unas semanas, partiría con ventaja. El capital político de Pedro Sánchez, en este mes y medio que ha transcurrido desde la celebración de las elecciones, se ha elevado. Y su convicción, más que deseo, de formar un Gobierno alternativo ha calado. El voto útil para desalojar al Partido Popular del Gobierno será el voto socialista. Y por eso ha ganado poder negociador para el proceso que se acaba de abrir. Por eso quizás a Podemos le comience a interesar más adoptar una posición en serio constructiva para evitar la convocatoria de unos nuevos comicios que no le serían tan provechosos como los anteriores.

 

Las chulerías y faltas de respeto de Podemos proponiendo nombres propios y ajenos para las carteras ministeriales tocarán a su fin y se comenzará a hablar de lo importante. A Podemos le conviene más que a nadie y debería tener más interés que ninguna otra fuerza política, porque se proponía como un partido transformador (aunque poquito). Por eso, Podemos debería trasladar a la ciudadanía que las medidas de progreso sociales y económicas que adoptaría el futuro Gobierno serían gracias a su presión. Podemos debe ponerse ya a trabajar en serio, porque es el partido que más se juega dado que era el más ambicioso. Pero sorprenden sus tremendas torpezas de principiante o con complejo de superioridad de las últimas semanas. Desde las más evidentes a las que en un primer momento se pudieran interpretar como jugadas maestras.

 

Ciudadanos también está en una posición complicada e incluso se enfrenta a un riesgo mayor de caer en la irrelevancia si finalmente no intenta poner un sello o una garantía de moderación en un gobierno que de otra manera sería, al menos por los carnés de sus integrantes, netamente izquierdista. Ésa debería ser su mensaje y en ella debería estar basada su estrategia para entrar en un Ejecutivo presidido por Sánchez. 

 

El PSOE, el que peor futuro presentaba, puede acabar salvándose. Y esa salvación tendrá muchos nombres, pero sobre todo uno, el de Pedro Sánchez. Aunque esa supervivencia no puede ser sólo de unas siglas, de unas estructuras. La supervivencia, si quiere ser duradera, se ha de acompañar de una vuelta a los principios renegando de episodios que no olvidamos y que nos mantienen lejos del PSOE, como la legislación laboral desde los mismos años ochenta o el cambio del artículo 135 de la Constitución, por ejemplo, por no extendernos mucho más.

 

 

 

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