Y siempre Venecia

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Antes de recorrer el brazo de tierra que une la ciudad con la península alguien me descubrió que Venecia era el único lugar del mundo donde había una calle a la vida, calle a la muerte y otra borrada,

después me aconsejó ir. Cruzábamos Treviso.

Le confesé que no sabría cómo, no tenía un mapa todavía. Me dio uno, recién doblado.


Se vendía una diversidad de mapas. Los menos importantes se editaban para hacer propaganda comercial y solo reproducían las calles principales. Otro mapa estaba confeccionado como un folleto mal impreso, y Colin y Mary habían descubierto que, si lo consultaban mientras iban caminando, resultaba fácil perderse al pasar la página. Había otro, de más precio, que mostraba toda la ciudad y mencionaba hasta el pasaje más estrecho. Una vez desplegado resultaba imposible manejarlo por la calle sin una mesa adecuada y clips especiales.

El placer del viajero, I. McEwan

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